Grandeza europea en Davos, vaya que sí...

Ciudad de México /

Davos, esta vez, no ha sido un foro en el que se debaten temas económicos sino la gran caja de resonancia de la geopolítica.

En tan importante escenario no había manera de esquivar lo evidente, desde luego, así fuere que la premisa del extraordinario discurso de Mark Carney, el premier canadiense, fuere precisamente la de reconocer, antes que nada, cuál es el estado de cosas en estos momentos (en oposición, tal vez, a algunos negacionistas) y de asentar, a partir de ahí, que está teniendo lugar una drástica ruptura en el orden mundial.

La globalización, el supremo paradigma económico de las últimas décadas, es tajantemente repudiada ni más ni menos que por la primera potencia del orbe. Trump y sus pretorianos traman, en su lugar, la edificación de muros comerciales —apuntalados en aranceles sobrepuestos a los productos venidos del exterior—, un pernicioso aislacionismo que, en los hechos, impactará de manera muy negativa el intercambio de bienes producidos en las diferentes naciones de nuestro planeta.

Pero esto, lo de poner barreras y cerrar mercados, es sólo un factor en la ecuación. Está, además, el tema de que una potencia pueda despreciar abiertamente el derecho internacional y arrogarse, por sus pistolas, el privilegio del intervencionismo. La “sustracción” de Nicolás Maduro —un eufemismo para encubrir lo que fue un declarado secuestro y no otra cosa— nos pareció, a quienes deseamos la restauración de la democracia en Venezuela, una acción tan audaz como posiblemente justificable en tanto que llevó a la detención de un infame dictador, presidente espurio de su país.

Otro asunto, sin embargo, es que Trump haya avisado, en un primer momento, de que tomaría el territorio soberano de Groenlandia como fuere, inclusive mediante el uso de la fuerza. Se retractó luego, antes de hacer acto de presencia en Davos, pero había también advertido de aplicar sus socorridos aranceles a los países que habían manifestado su terminante rechazo a la conquista de una nación constituyente del Reino de Dinamarca.

Afrontando esta realidad, los líderes europeos han reaccionado con una ejemplar y admirable entereza. Protagonistas indiscutibles en la tribuna de Davos, reafirmaron todos ellos la noble vocación humanista del Viejo Continente.

Embrollada nuestra percepción por la arremetida de los agoreros del fin de Occidente, nos habíamos olvidado de que Europa sigue siendo el gran faro de los valores democráticos. Pues no, señoras y señores: mientras que las fuerzas del ICE operan como comandos fascistas contra sus propios ciudadanos en los Estados Unidos, mientras que la maligna ultraderecha ejerce sus fueros y mientras que los populismos de todo sello se encargan de demoler los entramados republicanos, Bélgica, Finlandia, Polonia, Francia, Dinamarca y sus honorables socios de la Unión Europea le han plantado cara al grosero autoritarismo del rey loco. Europa vive, vaya que sí...


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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