Informe: presidencialismo a todo vapor

Ciudad de México /
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El acto en Palacio Nacional. Ariel Ojeda

En sentido estricto, los informes de gobierno son procedimientos en los que uno de los Poderes de la República –el Ejecutivo, o sea, el encargado de ejecutar las políticas públicas— le rinde cuentas a otro, el Legislativo, que es quien dicta las leyes y las normas a las que debe sujetarse toda acción gubernamental.

Por eso mismo, porque se trata de una comparecencia ante los legisladores, es que debería de tener lugar en una de las sedes de nuestro Congreso y frente a la práctica totalidad de sus integrantes, los miembros del partido oficial y los de las fuerzas de oposición, y no en la casa presidencial –el Palacio Nacional, en este caso— delante de invitados escogidos según las conveniencias, preferencias o intereses particulares del (de la) primer(a) mandatario(a) o de su equipo de colaboradores.

Es muy extraña la disposición de los actuales encargados de la cosa pública a desconocer deliberadamente a los representantes de los grupos opositores –elegidos, no lo olvidemos, por millones de mexicanos, tan merecedores de ejercer su ciudadanía como cualquier seguidor del oficialismo— y a no practicar la esencia misma de la política, a saber, la de escuchar al adversario para, llegado el momento, poder negociar con él, derivado este ejercicio de reconocerle al de enfrente su condición de habitante de un espacio común, la de un compatriota, no la de un enemigo al que hay que cerrarle la puerta.

En los regímenes parlamentarios, los jefes de gobierno se someten al duro trámite de presentarse ante los representantes populares, justamente, para informarles de los asuntos gestionados, del manejo de los presupuestos y de resultados concretos. No es un acto ceremonial para enaltecer al primer ministro ni una tribuna propagandística sino una auténtica prueba en la que el Parlamento supervisa el trabajo del encargado de llevar las riendas de un país. 

Terminada la exposición del gobernante, le llueven cuestionamientos y se ve obligado a defender sus posturas, frente a frente, sobrellevando las inclementes rudezas de los opositores. Aquí, al tlatoani jamás de los jamases se le incomoda…


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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