¿Justo ahora la desbandada priista?

Ciudad de México /

Estamos viviendo otra realidad en el escenario de lo público. Lo que parecía estar ya decidido, a saber, la permanencia del actual régimen en el poder gracias a unas elecciones que serían un mero trámite se ha vuelto ahora una cuestión mucho más complicada para el oficialismo. De pronto, la oposición levanta cabeza y está protagonizando un papel decisivo al haberse coaligado sus fuerzas. No sólo eso: habiéndonos advertido que la caballada estaba muy flaca (hay que citar a los clásicos, dejan siempre huella), resulta que no, que sí existía una tal Xóchitl perfectamente capaz de acalambrar al más pintado.

Al mismo tiempo, sin embargo, acontece una desbandada de priistas. Y como en política no hay casualidades (dicen los que saben) podríamos preguntarnos por qué esas deserciones ocurren ahora, precisamente en el momento en que los partidos que integran la alianza Va por México han alcanzado un ejemplar acuerdo para encarar a la maquinaria del Estado en las elecciones de 2024.

¿De qué estamos hablando? ¿De que se apareció en el horizonte, súbitamente, la ocasión más propicia para debilitar a uno de los partidos que celebraron el pacto? Vaya sentido de la oportunidad, oigan.

El descontento con Alejandro Alito Moreno es evidente en varios sectores del Partido Revolucionario Institucional. El hombre se ha emperrado en no soltar las riendas y los que no son de su camarilla se han visto progresivamente proscritos siendo que su tema de ellos sigue siendo también el poder en su condición de antiguos jerarcas. Y, evidentemente, una parte de la nomenklatura (lo escribo deliberadamente así para imprimirle un tono soviético al asunto) ha emigrado a Morena, el partido oficial de estos tiempos, precisamente porque es ahí donde se reparten las esperadas canonjías y se paladean los correspondientes beneficios.

Se entiende que el interés personal sea lo que mueve a los humanos que portan las camisetas partidistas y precisamente por eso —abusando, con el permiso de ustedes, de la terminología vestimentaria— es que vemos tanto chaqueteo.

Pero, qué caray, ¿justo ahora la estampida?

Resulta un tanto sospechoso. Pronto, muy pronto, habremos de enterarnos de qué va realmente el asunto.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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