¿La 4T también en contra de la gramática?

Ciudad de México /

El pueblo es sabio, aparte de bueno, pero en ocasiones no habla bien, no se expresa correctamente, no conjuga los verbos como debe ser. Algunos individuos de la especie humana pertenecientes al pueblo sabio dicen, por ejemplo, “dijistes” o “acabastes”, aparte de usar equivocadamente otros términos del castellano.

El escribidor de estas líneas no ha comprobado personalmente que la enseñanza que imparte actualmente el régimen de la 4T haya introducido deliberadamente palabros en los libros de texto con los que pretende adoctrinar a las nuevas generaciones. A lo mejor es una falsedad la especie de que figuran ya premeditadamente gazapos gramaticales en los antedichos manuales (aunque, hay que decirlo, los más esperpénticos escenarios están teniendo lugar en estos tiempos: ahí tenemos el himno a un aeropuerto y también el momento cumbre de la cursilería nacional en el discurso que la señora Sansores le consagró recientemente al señor presidente de Estados Unidos Mexicanos) para celebrar una enternecedora comunión entre el referido pueblo bueno y las autoridades que intentan educarlo o tal vez estamos hablando de la ignorancia –de yerros involuntarios, o sea— de los propios redactores de los cuadernos, pero lo que sí es cierto y comprobable es que el modelo populista busca congraciarse con las clases populares a punta de paternalismo y calculadas blandenguerías.

De lo que va el asunto, justamente, es de no es instaurar un sistema educativo de severas exigencias como ocurre en países como Japón, Corea del Sur o Finlandia –punteros en lo que toca a la educación pública— sino, por el contrario, de implementar un patrón premeditadamente complaciente para aparecer, ante esas clientelas naturales, como una suerte de papá bueno. El propósito persigue intereses políticos, desde luego, pero la aparente magnanimidad de la estrategia resulta también del pobrismo que promueve la izquierda cavernaria como una auténtica virtud social.

Al decir “pueblo”, el oficialismo no está hablando de los clasemedieros que aspiran a comprarse un coche nuevo o a negociar un buen crédito hipotecario o a vacacionar, digamos, en Las Vegas, sino de los sectores de la sociedad que sobrellevan las durezas de la escasez material y a quienes, en esa condición de damnificados, no se les podría, ni debería, someter todavía a mayores asperezas, más allá de que sean votantes encandilados por el discurso justiciero y revanchista propalado por la demagogia populista.

La educación de calidad, encima, es vista como un privilegio de las élites hasta el punto de que debiera ser casi combatida por los comisarios encargados ahora del adoctrinamiento universal de la población: en algún momento han hablado de imponer los textos oficiales, trasmisores de la ideología del régimen, en todo el espacio educativo.

Lo disparatado de la cuestión es que esta estrategia va brutalmente a contracorriente de lo que una nación necesita para desarrollarse económicamente y alcanzar mayores niveles de bienestar. Pero, además, ¿el gran orgullo de México no debería de ser que todos sus ciudadanos, instruidos y conocedores de la gramática, se expresaran con ejemplar corrección? Pues… 


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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