La era del descontento (II)

Ciudad de México /

El descontento de los ciudadanos los lleva a responder al canto de sirenas de los populistas que se les aparecen en el horizonte. Las cosas no se remedian a punta de promesas, de bravatas, insolencias y jactancias pero el mero hecho de que un sujeto se plante delante de todos para cuestionar de pies a cabeza el orden establecido parece neutralizar de tajo las inquietudes que debieren despertar, justamente, los individuos más radicales y extremistas, por no hablar de que en algunos casos esos presuntos salvadores son unos auténticos impresentables.

Javier Milei da la impresión de haber moderado un tanto las posturas que con tanto histrionismo exhibía en sus presentaciones televisivas y ha dejado de lado sus propuestas más descabelladas pero el tema no es subrayar que era la única opción que les quedaba a los votantes argentinos —elegir a Massa, el primerísimo responsable de la debacle económica de la nación suramericana era dispararse a los pies— sino consignar lo inaudita que fue la circunstancia de que en el menú no figurara alguien con otro perfil, es decir, de que un personaje absolutamente excéntrico y medio loco fuera quien llegara a la gran final.

¿No había, en toda la Argentina, un aspirante más equilibrado, sensato y confiable?

Lo de Donald Trump es todavía menos entendible en tanto que tenía enfrente a una formidable adversaria, a una mujer capaz e inteligente que hubiera podido llevar los asuntos públicos con total solvencia. Y tampoco es nada lógico que The Donald haya sido el sucesor de un presidente de la talla de Barack Obama. Pero, justamente, el acaecimiento de estos desenlaces viene siendo el reflejo directo de la realidad que prevalece en un creciente número de países, un escenario hecho de arraigadas inconformidades y del consecuente rechazo a la clase gobernante.

Pero ¿tan mal están entonces las cosas? ¿Qué dimensión alcanzan los agravios? Y, sobre todo, ¿la única salida es el suicidio social que significa la llegada al poder de tipos como Bolsonaro, Trump, Milei o, en la menos deletérea versión neerlandesa, Geert Wilders?

En la próxima entrega intentaremos dilucidar la razón por la cual los beneficiarios de la modernidad se creen que su resentimiento lo va a paliar un populista volviendo a un pasado iliberal mucho más adverso.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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