La era del descontento (y V)

Ciudad de México /

¿Quién tiene la culpa de lo malo que me pasa? ¿A quién le puedo pasar la factura de mi insatisfacción? ¿Con quiénes me puedo desquitar? ¿Por qué anda todo peor que nunca?

Pues, antes de señalar a los grandes responsables de nuestra infelicidad y comenzar con el consabido rosario de quejas, sería preciso puntualizar que los ciudadanos de este planeta vivimos, hoy, sustancialmente mejor que nuestros antecesores en cualquier época de la humanidad.

Hace un par de siglos, la gran mayoría de la población mundial —nueve de cada diez personas— era pobre. La mortalidad era elevadísima, como testimonian las biografías de tantos y tantos personajes: un Mozart, con los cuidados que prodiga la medicina moderna, viviría fácilmente hasta los 80 años en lugar de fallecer tan tempranamente.

Pero, curiosamente, hay personas, en estos mismos tiempos, que no se quieren vacunar, que creen más en las terapias “alternativas” para tratar el cáncer o que le atribuyen a la ciencia una condición sospechosa.

¿Cómo es que la gente moría tan joven en los tiempos pasados siendo que consumía alimentos “orgánicos”, que en los cultivos no se utilizaban pesticidas ni fertilizantes, que no había tantos químicos cancerígenos y que el aire estaba menos contaminado?

La gran sorpresa es advertir, en muchos pobladores contemporáneos, un componente primitivo hecho de superstición y rechazo a los portentosos avances que han tenido lugar en el mundo. Esa circunstancia explicaría también el paralelo menosprecio a las bondades del sistema democrático y la desestimación de los derechos adquiridos porque todo sería parte de una realidad que, para el individuo desconfiado (y rencoroso), no puede ser valorada ni reconocida.

La persona enojada no sabe de agradecimientos y se deleita en una constante impugnación del orden establecido: la malignidad de las vacunas o de la quimioterapia —con las corporaciones farmacéuticas detrás— se hermana así con perversidad de una clase política en la que “todos son iguales” y, por lo tanto, no merecen ser correspondidos.

En parecido escenario, el salvador populista irrumpe como el supremo mensajero del descontento y primerísimo emisario de un pasado obligadamente mejor. Y cosecha, miren ustedes, millones de votos. Ya lo que viene más tarde, pues...


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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