La realidad de la violencia criminal es absolutamente inocultable en este país: miles y miles de desaparecidos, 200 mil asesinatos acaecidos en el pasado sexenio (una cifra a la cual tendríamos que añadir todavía las muertes que se han acumulado desde el advenimiento de la nueva Administración), vecinos desplazados de sus comunidades, agricultores obligados a pagar el nefario “derecho de piso” a las mafias, transportistas despojados de sus mercancías, en fin, vivimos aquí un escalofriante horror cotidiano.
En estos mismísimos momentos, una periodista veracruzana, Roxana Berenice Guzmán Ramírez, está en manos de unos sujetos que, encapuchados y provistos de armas de alto poder, irrumpieron en su casa y se la llevaron frente a su propia familia. ¿Qué está viviendo esta mujer? ¿La están torturando? ¿Ya la mataron? ¿Le hacen recordar, a manera de advertencia, el asesinato de su marido, ocurrido en su presencia en 2017?
Estados Unidos no están detrás de nada de esto, así sea que las pistolas y los rifles semiautomáticos con que los delincuentes mexicanos ejecutan a sus víctimas hayan cruzado la frontera luego de haber sido comprados en Texas o en Oklahoma sin demasiados problemas. Después de todo, en nuestro vecino país no se vive ni lejanamente una barbarie parecida, a pesar de la facilidad que tienen sus naturales para adquirir mortíferos artilugios. El reino de la muerte es aquí, no allá.
El oficialismo invoca el sacrosanto principio de la “soberanía” para responder a una petición de detención provisional con fines de extradición formulada por el Departamento de Justicia del Distrito Sur de Nueva York, derivada de una acusación penal en contra de Rubén Rocha Moya, gobernador, ahora con licencia, del estado libre y soberano de Sinaloa, por presuntos vínculos del hombre con narcotraficantes.
México ha celebrado un tratado formal de extradición con Estados Unidos y, en principio, debe sujetarse a los términos acordados por las partes. Tan sencillo, entonces, como responder a la solicitud emitida y sanseacabó siendo, encima, que hay denuncias —aquí mismo, en nuestro muy soberano territorio nacional— de que el señor Rocha Moya llegó al poder gracias a la intervención directa del cártel de Sinaloa.
Amparar a parecido personaje no es defender la patria. Es otra cosa…