Lo más inquietante del trámite legislativo celebrado este pasado fin de semana para validar, o desautorizar, la contrarreforma energética promovida por el régimen de la 4T fue la abierta disposición de algunos diputados morenistas para sabotear pura y simplemente un proceso democrático.
Los más radicales avisaron, en un primer momento, de que iban a organizar movilizaciones callejeras —el recurso favorito de los regímenes fascistas para exhibir músculo y amedrentar a los disidentes— con el propósito, no declarado explícitamente pero apenas disimulado, de impedir el paso a los representantes populares de la oposición y que no pudieran entonces emitir su voto en la sesión parlamentaria. Respondiendo a la intentona, los diputados del bloque integrado por el PRI, el PAN, el PRD y MC llegaron anticipadamente a la sede del Congreso y pernoctaron en sus despachos. ¿Cuándo habíamos visto que la votación de unas disposiciones legales necesitara de tales medidas? ¿En qué momento se deterioraron de tal manera los usos parlamentarios de este país? ¿El acoso del adversario político ha llegado a tan inquietantes extremos?
Ya en la sesión propiamente dicha, los grupos oficialistas implementaron tácticas dilatorias y se eternizaron en la tribuna repitiendo, una y otra vez, un discurso sustentado en consignas, proclamas y encendidas retóricas. Finalmente, por ahí de las once de la noche comenzó la votación y los resultados fueron los esperados considerando que los partidos de oposición, más dos dignísimos diputados del partido presuntamente “verde”, conformaron un sólido bloque, sin fisuras, para que, entre otras cosas, el combustóleo no nos envenene a los mexicanos.
Pero, a ver, y en lo que se refiere al obstruccionismo como una herramienta y al uso del término “traidor” para calificar a quien piensa diferente: ¿el sabotaje es una herramienta democrática? ¿No figura el diálogo en la propia etimología de la palabra “parlamento”, es decir, la comunicación verbal entre las partes para resolver de manera civilizada y sin violencias los desacuerdos? ¿No fueron elegidos, unos y otros, por ciudadanos merecedores de los mismos derechos independientemente de sus adhesiones partidistas?
Nuestra frágil democracia necesita ser defendida…
Román Revueltas Retes
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