¡Malditos conquistadores!

Ciudad de México /
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La celebración del 16 de septiembre  —una fiesta muy extraña porque México, como tal, comenzó a existir un 28 de septiembre, al promulgarse el Acta de Independencia en 1821, luego de que el Ejército Trigarante, encabezado por Agustín de Iturbide, entrara triunfalmente en la capital— nos lleva infaltablemente a repudiar, pues sí, al colonizador español.

Cortés y sus huestes, reforzadas por miles de combatientes tlaxcaltecas, totonacas, texcocanos y xochimilcas, entre otros de los pueblos indígenas que se aliaron a los europeos, conquistaron en particular el avasallador Imperio mexica. Hablando, justamente, de la dominación de un señorío sobre los demás, un vasallaje hecho de súbditos masivamente sacrificados, canibalismo, agobiantes aranceles y violencia pura.

Jamás hemos visto al militar extremeño, primer marqués del Valle de Oaxaca, como un libertador de la misma manera como, ya con mayor reserva, muchos de nosotros no reconocemos tampoco que bajo el dominio de la Corona de Castilla se fundó, aquí en estas tierras, la primera universidad de toda América y se edificaron imponentes catedrales, palacios y hospicios.

Nos solazamos, más bien, en el cultivo del resentimiento, denunciando que el Virreinato no fue otra cosas que el desaforado saqueo de nuestras riquezas sin detenernos a pensar que en una nación totalmente expoliada no quedarían más que chozas en lugar de acueductos y hermosas ciudades coloniales.

El asunto es que nuestra sempiterna condición de agraviados entraña, a la vez, la negación de toda una herencia, la que nos viene ni más ni menos que de la portentosa tradición grecorromana, y nos lleva también a desconocer la naturaleza de lo que somos, a saber, mestizos hechos de la fusión de dos culturas, manifestación misma de la más pura mexicanidad.

Y, pues sí, sabemos, ahora más que nunca, de la rentabilidad política del victimismo pero lo que tocaría, para cambiar no sólo el discurso sino las señales de nuestra identidad, es calibrar si el rencor es también beneficioso para nuestras propias personas y, a partir de ahí, reconciliarnos con un presente hecho de luz, no de afrentas pasadas.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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