¿Más ingobernable todavía?

Ciudad de México /

Ebrard decidió quemar las naves antes que los demás —las demás corcholatas, es decir (por cierto, qué término tan poco halagador para quienes aspiran a ser el jefe del Estado mexicano en tanto que da a entender que será un tercero quien desatapará —aunque ya no hay “tapados”, como ocurría en los tiempos del priismo primigenio— la botella con la emulsión ganadora) y ahora el mentado Consejo Nacional del Morena determinará que los otros tres competidores deberán dejar también sus puestos para no entremezclar la encomiable empresa de codiciar el más alto cargo de la nación con la muy rupestre y terrenal faena de llevar los asuntos corrientes.

Los comunes mortales no sabemos si el salto al vacío del señor canciller —uno se pregunta de qué va a vivir, ahora que ya no cobre los emolumentos que le aseguraba doña Administración por encargarse directamente de que Estados Unidos Mexicanos no tuviera demasiadas broncas con los países del exterior— fue un madruguete, dicho esto en lenguaje coloquial, o si el pistoletazo de salida se lo dieron en el palacio presidencial.

El asunto es que como uno de los otros pretendientes se ocupa, a su vez, de que no haya excesivos altercados en las entidades del interior —por eso, precisamente, es que se le llama Ministerio del “Interior” en naciones como Colombia, Argentina y el Reino de España al ente público encargado de que las cosas no se salgan de cauce dentro de las fronteras—, algunos observadores se preocupan de que nuestra patria sobrelleve una coyuntura de ingobernabilidad a partir del martes o miércoles de la semana próxima.

Al afanoso escribidor de estas líneas le parece, con el perdón de ustedes, que México ya es bastante ingobernable. Miren, si no, lo que acaba de ocurrir en el camino que va de León a Aguascalientes: un comando de sicarios interrumpió el tráfico durante una larguísima media hora y se dedicó —a sus anchas, sin que se aparecieran en el lugar los combatientes de la Guardia Nacional responsables de la seguridad en las carreteras federales— a desvalijar un camión transportador de coches de lujo. Lo más perturbador del suceso es que no aconteció en las zonas remotas donde el Estado ha claudicado sino en la autopista de cuota que conecta a dos de las ciudades más industrializadas y prósperas del país.

Con la partida del encargado de Exteriores y del comisionado de Interior, el desgobierno, dicen, será aún mayor. Digo, seguirán operando los responsables de Salud y de Economía, junto con los fiscales que congelan cuentas y los comisarios de los Comités de Defensa de la 4T. Pero, con todo y que los respectivos reemplazantes arriben a emprender su curva de aprendizaje, las tareas más sustantivas del Gabinete quedarán seriamente desatendidas.

¿Tendremos más altercados con la comunidad internacional? ¿El próximo atraco del CJNJ será en la autopista Naucalpan-La Venta? 


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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