Eso mero es lo que son los colegios públicos, lugares de enseñanza para las clases más desfavorecidas de este país. Y, justamente, lo primerísimo que hace una familia cuando mejoran sus ingresos y se asoma al universo de la clase media –denostada por la tribu oficialista por tener “aspiraciones” y por elegir a su antojo a los gobernantes al no necesitar ya las dádivas inductoras de votos— es mandar a la prole a que estudie en una escuela “particular”.
Los adalides del régimen de la 4T lo saben muy bien y a sus retoños no los llevan a la piojosa primaria de una barriada popular sino a codearse con los presuntuosos herederos de la casta conservadora fifí en colegios que ostentan gentilicios nada vernáculos, o sea, totalmente ajenos a los “pueblos originarios”: el alemán, el americano, el británico o el irlandés, entre otros.
Y, bueno, tampoco van a consulta con el proctólogo de un atiborrado y desvencijado hospital público, tras una espera de meses, sino que son atendidos por las eminencias que ejercen el noble oficio de Hipócrates en refinados nosocomios, faltaría más. No es sólo descarada hipocresía, señoras y señores: es una prueba palmaria de que la utópica realidad que dibujan ellos para engatusarnos no existe y que la desastrosa situación de México es la que vemos con nuestros propios ojos todos los días.
Retomando lo de la educación, durante el sexenio de Enrique Peña las escuelas de tiempo completo llegaron a atender a tres millones y medio de niños, la mitad de ellos en zonas de alta marginación. Los chicos recibían alimentos cada día y, gracias a los horarios extendidos de las clases, los padres — las madres, sobre todo— podían dedicar su tiempo a desarrollar otras actividades, algo que impactaba muy positivamente en la economía familiar.
Llegó la gran “transformación” morenista a este país y el esquema fue cancelado, perjudicando directa y brutalmente a los niños más pobres de la nación. Y es que, miren ustedes, la política social del satanizado PRIAN debía ser exterminada. Con la tranquilidad, eso sí, de que los hijos propios… tan campantes en sus colegios privados.