No es nada evidente, con perdón, el derrumbe de la dictadura cubana

Ciudad de México /

Podemos preguntarnos si el régimen castrista está a punto de derrumbarse, más allá de la devastadora crisis económica que sobrellevan los habitantes de la isla, de la incapacidad de sus gobernantes para proveer los más elementales servicios a la población, de la arremetida de Estados Unidos en contra del “socialismo del s. XXI” latinoamericano y de lo poco viable que parece el propio modelo totalitario instaurado en Cuba.

Por cierto, qué curiosa coincidencia, oigan, que Pemex haya suspendido, por sus pistolas, el envió de petróleo a la nación caribeña, justo cuando nuestro poderosísimo vecino del norte lanza advertencias y amenazas no tan veladas.

De pronto, los organismos paraestatales de este país despliegan una admirable autonomía siendo que la mismísima presidenta de la República ha invocado un componente “humanitario” para explicar la ayuda que México manda a los despóticos dirigentes comunistas. Dicho coloquialmente, se mandan solos, los señores gestores de la corporación petrolera de todos los mexicanos, insignia inmarcesible de nuestra sacrosanta soberanía.

En fin, volviendo al tema del posible desmoronamiento de la dictadura, este escribidor advierte un elemento consustancial a los regímenes autoritarios de izquierda, a saber, su carácter irreversible en tanto que han instaurado sistemas sustentados en el terror, en la violencia de Estado y en la edificación de todo un aparato represor, constituido no sólo por los agentes gubernamentales sino por grupos de choque —como los tales “colectivos” del chavismo-madurismo—, además de los consabidos soplones, delatores e informantes de toda ralea.

Muy complicado, entonces, desmontar el colosal entramado opresor y eso es justamente lo que estamos viendo en Venezuela: Nicolás Maduro ya no encabeza el poder pero la armazón coercitiva sigue intacta, lo mismo que la capacidad gubernamental de amedrentamiento.

La cuestión cubana no es una de las preocupaciones de Donald Trump, así sea que un ataque de comandos u otra audaz “extracción” —la de Díaz-Camel— le pudieren servir de distractor o de excusa para proseguir su camino imperialista. El asunto, al parecer, lo lleva Marco Rubio, el secretario de Estado de ascendencia cubana, pero la gran pregunta es cómo podrá consumar su muy personal sueño de acabar con la dictadura. No lo tendrá nada fácil.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite