Opositores fachos, golpistas, entreguistas…

Ciudad de México /

Los tres escenarios evocados por el expresidente de México para advertir de su retorno a la vida pública son no sólo totalmente improbables sino muy fantasiosos. En lo que toca a un posible “golpe de Estado”, ¿quién, por favor, pudiere encabezar tan morrocotuda empresa, sirviéndose de qué recursos y apoyándose en qué sectores?

Pero es muy deliberada, por no decir aviesa, la mera insinuación de que algo así pudiere ocurrir: se da por sentado que en el espacio de esta nación existen grupos capaces de capitanear la intentona —esos “conservadores” incesantemente señalados, los pudientes en busca de recobrar sus privilegios y, desde luego, todos aquellos que, al no comulgar con el credo de doña 4T, son situados por el oficialismo, de plano, en el bando de los “traidores a la patria”—, se configura así la obligada malignidad del opositor y a partir de ahí se le puede endosar, pues sí, la condición de golpista.

Que aconteciere un posible “atentado contra la democracia” fue otro de los alegatos, entendido el tal asalto, lo suponemos, como un oscuro contubernio para desconocer la voluntad que el pueblo bueno expresará en las urnas. Es ya de por sí muy inquietante la simple referencia a algo parecido en tanto que un desenlace adverso a Morena en las futuras elecciones no será obligadamente fraudulento ni mucho menos. Pero, qué caray, así como están ya las cosas, con los Poderes de la República y los organismos autónomos totalmente colonizados por el aparato gubernamental, la tal embestida contra la democracia es una muy siniestra e inquietante realidad desde ahora mismo.

El último punto, para redondear esta trinidad de premisas dictadas por el canon populista, es un posible ataque a la “soberanía nacional” frente al cual el expresidente nos avisa también de su muy activa participación. El concepto era uno de los pilares en que se sostenía la demagogia del antiguo régimen priista y sirvió, cada que tocaba, para avivar el bronco nacionalismo de los mexicanos dibujándoles en el horizonte el espantajo de un perverso enemigo exterior que viniere a despojarnos no sólo de nuestros recursos estratégicos sino de la sacrosanta potestad de seguir siendo nosotros mismos. El mensaje era muy fiero y encendido: aquí hacemos siempre las cosas a nuestra muy exclusiva manera y no respondemos en momento alguno a los dictados de nadie más. Colosalmente soberanos, o sea. De hecho, más que los mismísimos Estados Unidos: aquí tenemos Pemex, allá medran Chevron, Exxon Mobil y otras empresas de ese pelaje…

En versión 4T, el agresor es el conquistador español y, desde luego, los entreguistas de casa, los mentados “conservadores”, por no hablar de las corporaciones del sector energético y otras multinacionales a las que les han cerrado muy oportunamente las puertas.

Muy bien, pero ¿en qué papel volvería el antiguo mandatario a la palestra? ¿Como asesor, como estratega o como comandante en las sombras? Eso no nos lo ha aclarado… 


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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