El poderío del partido oficial es avasallador: primeramente, el morenismo se las apañó para agenciarse una aplastante mayoría en el Congreso –despojó a los votantes de la representación que habían alcanzado en las urnas— y a partir de ahí contó con las armas que necesitaba la demolición del Poder Judicial.
Los señores jueces eran el último reducto que teníamos los mexicanos para resistir las embestidas del poder en tanto que estaban facultados, por la naturaleza misma de su función, para desarticular las iniciativas dispuestas por el Ejecutivo que no se ajustaran a la letra de la ley.
Pues tan sencillo entonces como arremeter contra esos mismos juzgadores, terminar con sus encargos –mandarlos a casa y, encima, sin otorgarles las indemnizaciones que les correspondían por sus años de servicio— y poner en su lugar a magistrados, es un decir, tan obsequiosos como dispuestos a responder a los mandatos de la casta gobernante.
Y, en efecto, así como lo estamos viendo ahora mismo en el caso del antiguo gobernador del estado libre y soberano de Baja California, uno de esos nuevos togados –bueno, ya no portan togas esos sujetos o, en todo caso, en el supremo tribunal constitucional de esta nación lo que se lleva es vestir ropajes indígenas— desestimó (a diferencia de cierto juez de los de antes, merecedor muy seguramente del correspondiente exterminio por no haberse plegado a lo que mandataban los jerarcas de doña 4T) la falta de pruebas y dictó la orden de aprehensión que mantiene a Ruffo Appel en una prisión de alta seguridad.
Muy estremecedora advertencia para los disidentes en este país pero justamente de eso va el tema, de amedrentar ejerciendo una justicia a modo. Así las cosas y teniendo el régimen morenista tan arrolladoras potestades, los mexicanos disponemos de una sola alternativa para restaurar la armazón normativa de nuestra República, a saber, la conformación de una fuerza política capaz de enfrentar al oficialismo y ganar en las próximas elecciones.
Dicho en otras palabras, sólo hay un camino: pactar coaliciones entre los grupos que no portan los colores de Morena. A ver si se enteran, de una buena vez, los dirigentes de los partidos opositores.