¿Primero los pobres? Pues, entonces, ¿por qué los supremos administradores del “humanismo mexicano” les quitaron a tres millones y medio de niños, millón y medio de ellos viviendo una cruel marginación, las escuelas de tiempo completo donde aprendían sus materias y, encima, eran alimentados?
¿Y por qué, sobre todo, la gran apuesta del régimen de la 4T no es la educación de calidad —impartida por profesores sometidos a rigurosos procesos de selección— sino una enseñanza impartida por docentes que responden a los particularísimos intereses de líderes sindicales dedicados a repartir plazas y a otorgar ascensos a sus agremiados?
Desembarcados en el escenario nacional con el oscuro propósito de marcar todo con su sello y no dejar absolutamente ningún espacio intocado, los morenistas debían también reescribir los libros de texto, desde luego que sí. Los contaminaron entonces de trasnochada ideología y, de pasada, terminaron por plagarlos de errores ortográficos y gramaticales, interpretaciones tendenciosas de la historia y omisiones, todos estos gazapos autorizados por un sujeto de radical sectarismo, el tal Marx Arriaga, que llegó inclusive a cuestionar las bondades de la lectura “por placer”.
Pero, qué caray, de los gustos que pudieren los chicos adquirir en el colegio, ¿no estarían los libros, justamente, en la cima de todas las posibles dichas terrenales en lugar de las pantallas del celular o, en todo caso, hablando ya de instruir a los jóvenes de la nación mexicana, ¿no sería ése, el de tenerlos embelesados con las páginas de ‘El Quijote’, de ‘Pedro Páramo’ o de cualquier otra obra literaria, el máximo logro que pudiere alcanzar un maestro con sus alumnitos?
En fin, el tema cardinal, más allá de estas cuestiones, es que el proyecto educativo en su conjunto ha fracasado estrepitosamente en nuestro país. Lo muestran los resultados de la prueba PISA (desestimados, miren ustedes, por la tribu oficialista en tanto que siempre responde ásperamente a cualquier señalamiento).
No es un mero concurso, sin embargo. Es la confirmación de una condena de pobreza para millones de mexicanos.