¿Por el bien de todos, primero los violentos?

Ciudad de México /
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M+.- Las pérdidas de los comerciantes del Centro Histórico, ¿no importan? Son de unos 50 millones de pesos diarios: duras mermas económicas por ventas que no pueden hacer durante los bloqueos, por daños a sus locales y hasta por flagrantes robos de mercancías suyas ocurridos a la luz del día.

No estamos hablando de grandes potentados cuya suerte pudiere no preocuparnos en lo absoluto (y habría que ver, oigan, porque el Estado de derecho vale para todos los individuos de una nación) en tanto que decidieren simplemente trasladarse a otras tierras con todo y sus peculios, sino de conciudadanos nuestros, justamente, tan merecedores de garantías como cualquier mexicano.

¿En qué momento se decidió, en las alturas del poder, que los daños causados a miles y miles de pobladores de este país —no sólo los referidos comerciantes sino todos aquellos perjudicados por los bloqueos a la libre circulación en ciudades y carreteras— eran preferibles a la necesarísima aplicación de la ley y la salvaguarda de los derechos constitucionales, no sólo aquellos que aseguran el ejercicio de la protesta social sino los otros, los que otorgan seguridad jurídica a las personas y sus bienes?

La postura de plantear meramente estas cuestiones te coloca, a los ojos del estamento oficialista, en el bando de los derechistas represores del pueblo, como si los abusos y salvajadas perpetradas por los agitadores no afectaran directamente a las mismísimas clases trabajadoras y como si las pérdidas no impactaran en sus bolsillos.

No estamos llamando aquí a la “represión” brutal de quienes se manifiestan en las calles sino señalando meramente que el Estado existe para afianzar el orden público y la paz social, no para quedarse cruzado de brazos cuando grupos violentos cometen desmanes.

Los adalides de doña 4T hablan también de “provocadores” infiltrados en las filas de los manifestantes. Pues bien, tan sencillo como enterarse primeramente de cómo es que se aparecieron por ahí, luego identificarlos —para eso existen los servicios de inteligencia— y al final llevarlos ante la justicia. Santo remedio, así se acaba con el vandalismo y los destrozos.

Hoy, en el que debería de ser un gran día para todos nosotros, ni más ni menos que la inauguración del tercer Mundial en México, estamos con el alma en un hilo. Ustedes dirán...


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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