La factura la vamos a pagar, tarde o temprano. Por ahora, la ayuda “humanitaria” a la dictadura cubana —un régimen que nada tiene de humanista en tanto que oprime a su pueblo, le niega derechos y le cancela las más elementales libertades— no ha figurado todavía en la agenda de nuestro primer socio comercial (el país, miren ustedes, donde millones de compatriotas nuestros laboran para enviar las remesas que tanto alimentan la economía mexicana) como un asunto que necesite de intimidaciones y advertencias, así sea que Trump suelte sus acostumbradas bravatas. Tampoco ha llevado, ya en los hechos, a que el gobierno estadounidense emprenda acciones declaradamente punitivas en contra de México. Por ahora, lo repito.
Hablando de los intereses superiores de nuestra nación, la confraternización con las tiranías regionales no es la mejor manera de salvaguardarlos, así sea que en el oficialismo se invoquen razones históricas y que al espantajo del imperialismo yanqui se le responda, a estas alturas todavía, con la beligerante retórica de unos latinoamericanos agraviados en permanencia. Deberíamos, más bien, descartar dogmas y olvidarnos del victimismo doctrinario para cultivar, en un muy saludable proceso de actualización, el más rentable y beneficioso pragmatismo.
Es en verdad asombroso que sigan prevaleciendo los imperativos ideológicos siendo que chocan frontalmente con la realidad de la miseria sembrada por el socialismo, con la incontestable desdicha de millones de personas y, peor aún, con la siniestra crueldad de unos déspotas disfrazados de benefactores.
Nos solazamos en el encumbramiento de las más perniciosas políticas públicas —dispendios, decomisos, asistencialismos— enmarcadas en la obnubilada y sectaria adhesión a unos credos que no tienen fundamento alguno en lo material, ajenos a los más elementales principios económicos y al simple comportamiento natural de los humanos.
Venezuela, Cuba y Nicaragua no son los socios que necesitamos. Por más que se quieran paliar las penurias del pueblo cubano con petróleo regalado, la tiranía castrista es la gran culpable de sus infortunios. Pero, sobre todo, hay todo un tema geopolítico detrás de los reacomodos que están teniendo lugar en este subcontinente. Más allá de la mera cuestión moral, por pura conveniencia deberíamos de elegir el bando de los demócratas.