Trump, empantanado en el berenjenal iraní

Ciudad de México /

La idea hubiera podido no ser enteramente mala: hay un país enemigo —no a la vuelta de la esquina sino lejano, pero de todas maneras—, lo atacas, matas a los miembros de la cúpula dirigente y avisas, justo después, de que ese adversario debe ofrecerte una rendición tan absoluta como incondicional.

Hagan de cuenta la advertencia del gran Franklin Delano Roosevelt al eje Berlín-Tokio en la Segunda Guerra Mundial pero, encima, a control remoto, o sea, sin botas militares en el terreno, nada más con la intervención de aviones militares dedicados a soltar bombas con precisión quirúrgica —bueno, no siempre porque un misil cayó directamente en una escuela y murieron más de 100 pequeñas— y, luego, para dejar bien aclarado de qué va el tema, a bombardear a lo bestia.

Lo repito, una empresa no del todo extraviada así fuere que los expertos de casa la desaconsejaran y que no existiera, al parecer, un ‘plan B’ para minimizar los daños, los directos y los llamados “colaterales”, en caso de que no salieran las cosas.

Pues, justamente, los mandamases iraníes, porque de ellos es de quienes estamos hablando, no sólo no se rindieron sino que siguen, a día de hoy, en pie de guerra y tan enteros e imperturbables que su siguiente paso, cuando ya no caigan bombas, será perseguir y reprimir a aquellos ciudadanos que hayan podido externar algún contento, por no hablar de mostrarse esperanzados y anhelantes, de que el infame régimen de los clérigos islamistas pudiere caer.

En lo que toca a los referidos perjuicios a terceros, no enteramente previstos en el proyecto de una guerra tan fulgurante como victoriosa, ha aumentado drásticamente el precio del petróleo, el estrecho de Ormuz está totalmente bloqueado, la inflación amenaza con subir y el crecimiento económico mundial se ralentizará con efectos muy perniciosos para el continente europeo y la propia gran potencia beligerante.

Ah, y otro asunto: esta guerra está devorando un montón de dinero, mil millones de dólares cada día del Señor, según algunas estimaciones (simplemente, un misil Patriot de los que sirven para interceptar los proyectiles que son lanzados desde el territorio de Irán, cuesta un millón, una plata gastada para abatir cohetes y drones mucho más baratos, los que han fabricado los iraníes).

Lo más preocupante, sin embargo, es que desde el punto de vista puramente estratégico la capacidad de Irán de bombardear las plantas desalinizadoras y las instalaciones petrolíferas de los países del golfo Pérsico representa una amenaza absolutamente escalofriante: la destrucción de la infraestructura que proporciona agua potable a los habitantes de la gran Península Arábiga, totalmente dependientes de los procesos de desalinización para proveerse del líquido, tendría consecuencias verdaderamente catastróficas.

No se han rendido los ayatolas ni tienen, por el momento, el propósito de rendirse. Pues…


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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