¿Un Mundial salpicado de vandalismo y destrozos?

Ciudad de México /

Tenía este escribidor ciertas dudas sobre las cuentas alegres del oficialismo: van a llegar millones de visitantes a este país, nos avisaban sus adalides. Por el Mundial, o sea.

Pero, a ver: ¿Cuánta gente cabe en los estadios? Unos 80 mil espectadores, en el más grande, menos en los demás.

Muy bien, ¿cuántos partidos tendrán lugar? Serán 13, señoras y señores, de un total de 104 encuentros jugados, en su mayoría, en los Estados Unidos: a la turbulenta capital de los mexicanos le tocarán cinco y las otras grandes urbes de esta nación, la señorial Guadalajara y la hacendosa Monterrey, tendrán cuatro partidos cada una y sanseacabó.

Recurro a la aritmética aprendida en el colegio en mi temprana infancia, esa rama de las matemáticas que tan penosamente operan los estudiantes hoy día, para realizar un sencillísimo cálculo, ajustando el número de lugares a las cifras reales del estadio Banorte (Ciudad de México, en la nomenclatura impuesta por doña FIFA), del BBVA (Monterrey, ídem) y del Akron (Guadalajara, ídem) que, en su conjunto suman unos 188 mil asientos. El resultado de la multiplicación es de dos millones 444 mil aficionados apoltronados en las gradas.

Pues sí, estamos hablando de muchísima gente. Ocurre, sin embargo, que no todos estos asistentes serán venidos de otras tierras sino que buena parte de ellos serán naturales buenamente dispuestos a gastarse carretadas de plata contante y sonante para presenciar algunos partidos de fase de grupos, por ejemplo, República Democrática del Congo-Colombia o Suecia-Túnez que, imaginamos, pudieren no atraer a tantos aficionados.

El asunto, más allá de la disposición de los futboleros a desembolsar cifras que acalambran, es, justamente, la paralela intrepidez de los de fuera para desembarcar en una ciudad sitiada por los vándalos de una organización magisterial. Podemos presumir que las imágenes de destrozos y estragos provocados por los violentos educadores —es un decir, son los primeros responsables del pobrísimo desempeño de los colegiales mexicanos (ya que evocábamos la incapacidad de los estudiantes para realizar las más elementales operaciones aritméticas)— le han dado la vuelta al mundo, como se dice o, por lo menos, que han sido vistas precisamente por aquellos que tenían la intención original de venir a CDMX para disfrutar apacible y alegremente de la gran fiesta futbolística.

Las algaradas que protagonizan estos agitadores son parte ya de nuestra infausta normalidad, una vida cotidiana salpicada de noticias sobre asesinatos, secuestros, extorsiones y feminicidios en la cual la destrucción de mobiliario urbano y otros desmanes vendrían siendo un mal menor, según nuestros parámetros.

Pero, estos acaecimientos son una auténtica vergüenza nacional, señoras y señores, con la circunstancia agravante de que las autoridades los consienten pretextando que no van a “reprimir” a los salvajes —desentendiéndose de su primerísima obligación, la de salvaguardar el orden público— y nos exhiben, precisamente ahora que somos los anfitriones del Mundial, como un país no enteramente civilizado. Vaya oportunidad perdida, para la imagen de México ante los demás.


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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