Y, pues no, la receta de Venezuela no funciona con los ayatolas…

Ciudad de México /

Los comunistas son obligadamente fanáticos, tan sectarios como sus contrapartes de la derecha radical y todos aquellos que se cobijan en la comodidad de los dogmas —religiosos o seculares— para no sobrellevar los tormentos de la duda y afrontar la realidad de un mundo muy poco poblado de certezas.

Pero, eso sí, los mandamases —los jerarcas que ejercen despóticamente el poder— no son verdaderos creyentes sino simples ambiciosos encargados de propalar incuestionables principios doctrinarios para que los consuman imperativamente los demás, las masas de aborregados seguidores a los que apenas les tocan las migajas del pastel pero que, oportunamente amaestrados, aplaudirán como focas cada vez que retumben en el espacio público las inflamadas retóricas del caudillo de turno.

De otra manera —o sea, si no es a partir de una primigenia falta de fe en los dogmas que tan ferozmente pregonan en sus discursos— no te explicas que sean, ellos, los primerísimos en no seguir los sacrosantos postulados de su causa: se dan una vida de reyes, rodeados de extravagantes lujos y, desde luego, no sólo no le rinden cuentas a nadie sino que controlan férreamente el aparato del Estado para no ser jamás cuestionados ni criticados, invocando en todo momento que las posibles impugnaciones a sus procederes son obra de traidores y de “enemigos de la revolución”, necesarísimos éstos para acometer la siniestra empresa totalitaria de combatir cualquier atisbo de disidencia.

Muy bien, de lo que se trata, entonces, es de sacar el mayor provecho personal y sanseacabó. El asunto de la ideología es un mero pretexto o, más bien, una herramienta de control para seguir detentando un poder tan absoluto como avasallador. Hasta aquí el esbozo de un Maduro, de un Daniel Ortega o de cualquier otro de los suyos.

Muy diferente, por el contrario, es el tema de los ayatolas y los clérigos islamistas de Irán que, por lo que parece, tienen una línea tan directa con Alá y su profeta Mahoma que no se permiten en manera alguna negociar con Donald Trump I, el emperador del planeta. Quien sí lo hizo, exhibiendo un muy rentable pragmatismo y apetitos materiales muy poco bolivarianos, fue doña Delcy Rodríguez y, miren ustedes, será ni más ni menos que la encargada de ir cambiando poco a poco el régimen en su país. En efecto, Irán no es Venezuela: hay de fanatismos a fanatismos…


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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