Ya hay vacunas, pero…

Ciudad de México /

Mientras no estemos vacunados masivamente habremos de seguir sobrellevando las durezas de la epidemia. La simple existencia de las vacunas producidas por los grandes laboratorios es punto menos que milagrosa apenas un año después de que apareciera el virus en Wuhan, la ciudad más importante de la región central de China (un núcleo urbano donde residen empresas farmacéuticas, de telecomunicaciones y de modernísima biotecnología), siendo que el desarrollo de esas inoculaciones podía tomar hasta dos lustros anteriormente. No sobra enfatizarlo, señoras y señores, porque hay mucha gente, a estas alturas todavía, que no sólo desprecia los portentosos avances de la ciencia sino que se resiste a aceptar que esto, lo de la epidemia, no es una gran conspiración ni un invento de “los poderosos” para coartar nuestras libertades sino algo tan real como los dos millones de muertos que han quedado en el camino, una cifra alcanzada precisamente ayer.

Y sí, en efecto, ya hay vacunas. El tema, sin embargo, se complica porque la mera tarea de poderlas aplicar a millones de personas está resultando muy complicada. Pareciera, ahí, que se esfuman de pronto todas las bondades del progreso científico y que queda nada más un morrocotudo problema de logística muy difícil de resolver en términos prácticos. No es algo que esté ocurriendo solamente aquí, en un país con una ancestral incapacidad para organizarse y hacer bien las cosas, sino que es un reto al que se están enfrentando naciones mucho más desarrolladas que la nuestra y donde el número de habitantes es menor, lo cual debiera otorgarles, de entrada, una considerable ventaja.

Por si no fuera ya un asunto muy serio lo de distribuir y aplicar las inoculaciones a lo largo y ancho del territorio nacional, algunas noticias son ya bastante perturbadoras, por no decir indignantes: en el estado de Veracruz, según parece, no están vacunando prioritariamente al personal de los centros de salud —enfermeros, cirujanas o anestesistas— sino que la salvadora inmunización la reciben los abusivos privilegiados de siempre, a saber, los mandamases de escritorio, los politicastros y su parentela; circula igualmente la información de que nuestras autoridades sanitarias han decidido que los médicos del sector privado no sean vacunados por el momento, en lo que sería un escandalosa medida discriminatoria; en lo que toca a la propia campaña de vacunación, se llevaría a cabo con la participación de elementos de ostensible cercanía al régimen para obtener los consabidos réditos políticos; y, finalmente, en la subsecuente etapa, luego de que hayan sido inoculados colectivamente los trabajadores de la salud, se atenderá primeramente a la gente de las zonas más remotas de México, las menos afectadas por el virus, en lugar de comenzar en las zonas urbanas. En fin… 


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  • Román Revueltas Retes
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  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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