¡Ya, por favor, ya fue mucha “transformación”!

Ciudad de México /
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Lo ideal sería que gobernaran, y ya. Pero no, necesitan estar restregándonos en las narices que son “diferentes” (un sinónimo de “mejores”, por lo que parece), cacareando sus pretendidos logros, acusando aviesamente a quienes no se suman a su gloriosa cruzada (“Cuarta Transformación”, la bautizaron con inmoderada petulancia antes de siquiera comenzar a dar unos mínimos resultados, arrogándose a la torera y por sus pistolas un lugar en la historia), arremetiendo contra la prensa libre, culpando de todo a sus antecesores y mintiendo tan descaradamente que han logrado, ahí sí, que la mentira sea ya parte consustancial del paisaje de este país.

Las conferencias matutinas que escenifica doña 4T a diario (con perdón, pero el terminajo “mañaneras” es un palabro que le resulta absolutamente indigerible a este escribidor) no son “del pueblo” –los mexicanos no necesitan ser informados machaconamente de todo lo que disponen los adalides morenistas siendo, además, que el supremo gobierno no consuma gestas inmarcesibles todos los días— sino una intromisión del poder en nuestra cotidianidad, una invasión y, antes que nada, un instrumento de dominio, una herramienta para determinar, aprovechando arbitrariamente las potestades y los recursos del Estado, quiénes son los buenos y los malos en el espacio público, qué gazapos del oficialismo necesitan ser encubiertos, que “verdades” deben ser propaladas y cuáles otras tienen que ser desacreditadas, qué noticiarios televisivos no pueden ser vistos y, por ahí, un foro para, de pasada, representar las gracejadas de turno y agenciarse así las simpatías de los cautivos espectadores.

El tema es el protagonismo de los que mandan, señoras y señores, que tienen que estar hasta en la sopa mientras que en las tranquilas democracias comandadas por simples humanos, no por próceres transformadores, los ciudadanos puede vivir sus vidas a su aire, sin enterarse de que los de arriba merecen miradas, reflectores, elogios y aplausos prodigados por una corte de incautos reducidos a condición de lisonjeros a punta de propagandas, dádivas financiadas con los dineros del erario o, qué caray, hasta amenazas.

En fin, ya basta de tanta propaganda y tanta soberbia…


  • Román Revueltas Retes
  • revueltas@mac.com
  • Violinista, director de orquesta y escribidor a sueldo. Liberal militante y fanático defensor de la soberanía del individuo. / Escribe martes, jueves y sábado su columna "Política irremediable" y los domingos su columna "Deporte al portador"
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