Los mercados no perdonan. De la misma manera como el desmesurado endeudamiento de una familia termina por tener muy calamitosas consecuencias, el manejo irresponsable de las finanzas públicas lleva a que las naciones paguen costos altísimos, con muy crudas consecuencias para los pobladores mismos, los primerísimos en saldar la factura de los derroches y las malversaciones, mientras que los adalides de la casta gobernante siguen tan cachazudos en sus cargos.
En este subcontinente nos solazamos en la cultura del rencor hacia los cobradores en lugar de dirigir a los politicastros manirrotos nuestras reclamaciones. Para mayores señas, ahí está la Argentina, un país que hubiera podido desarrollarse plenamente de no ser por el advenimiento de un caudillo populista que dilapidó criminalmente la riqueza nacional para complacer al pueblo bueno de allá.
Pues, muchos naturales de aquellas tierras lo veneran todavía, a don Perón, y no solo eso sino que sus correligionarios han seguido religiosamente sus pasos, despilfarrando los dineros del erario como si la plata cayera del cielo. Ah, y cuando se agotó el ilusorio cuerno de la abundancia, se pusieron a imprimir billetes sin mayores ambages, con catastróficas consecuencias para la inflación.
Las hojas de balance general reflejan los activos y los pasivos, corrientes y no corrientes, de una empresa: por un lado, la entrada de efectivo y el valor patrimonial (propiedades, equipo y plantas productoras) y, por el otro, los gastos, es decir, las adquisiciones, el pago de empleados y préstamos. Cualquier contable sabe que la salud financiera —o sea, el equilibrio entre activos y pasivos— es absolutamente primordial.
Muy bien, los gobernantes —a diferencia de los accionistas, los inversores y los propios empresarios— no manejan peculios suyos sino caudales de los demás. O sea, que no experimentan durezas como la pérdida de la vivienda, la quiebra del negocio o el embargo puro y simple de todos sus bienes.
El régimen de doña 4T, un poco en la tónica del peronismo, ha decidido repartirle a 32 millones de mexicanos una buena tajada del dinero que ha recaudado, no lo olvidemos, gracias a los pagadores de impuestos de este país. Parece, a primera vista, una buena acción. El asunto es que el pastel no es muy grande y que, muy pronto, los números no van a cuadrar. Ustedes dirán…