Multiplica tu experiencia con 20 dólares de IA

  • Terco Digital
  • Salvador Peynado

Tamaulipas /
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Esta semana coincidieron, casi al mismo tiempo, tres conversaciones que parecían distintas, pero terminaron llegando a la misma pregunta.

Detrás de esas conversaciones hay perfiles muy distintos. Una de ellas está cerca de jubilarse después de una larga trayectoria como vendedora, aunque tiene muy claro que seguirá activa vendiendo automóviles. Otra está aprovechando años de experiencia, buenos resultados y una amplia red de contactos para comenzar un proyecto propio en educación. La tercera lleva mucho tiempo trabajando por su cuenta en bienes raíces, con una cartera importante de clientes y tiene lo que solemos describir como “un colmillo largo y retorcido”.

Los tres reconocen que las redes sociales pueden darles mayor exposición, generar prospectos y hacer crecer sus proyectos. También conocen la inteligencia artificial, pero todavía tienen muchas dudas sobre cómo incorporarla y qué tareas podría facilitarles.

En los tres casos escuché prácticamente la misma idea: “se supone que con inteligencia artificial ahora es más fácil”. Y quizá ahí comienza la paradoja de esta semana.

Abrir una cuenta en una red social o pedirle a una IA que redacte una publicación no significa que sepamos qué conviene publicar, a quién dirigirnos, qué oportunidad perseguir o qué recomendaciones tienen sentido para nuestro negocio.

El reto no está en enseñarles herramientas, sino en entender qué quiere conseguir cada uno y cuánto conocimiento acumulado todavía no se convierte en oportunidades.

Un ejercicio que hago constantemente es observar las distintas formas de trabajar durante y después de una reunión. Alguien toma notas en una libreta porque así ha organizado sus ideas durante años. A su lado, otra persona podría escribir en el teléfono usando solo sus pulgares. Y últimamente hay quien activa su note taker, un asistente de IA que transcribe la conversación, prepara un resumen e identifica las tareas pendientes.

Las herramientas son diferentes, pero también la experiencia con la que cada persona interpreta lo ocurrido durante la reunión.

Quien nunca ha enfrentado determinada situación puede preguntarle a un modelo qué debería hacer. Quien lleva 10, 15, 25 o más años resolviendo casos similares puede describir mejor el problema, agregar contexto, identificar una respuesta poco realista y usar la herramienta para reducir tiempo en actividades.

Esa experiencia acumulada también necesita trabajo. Las objeciones que un vendedor reconoce antes de cerrar una operación, los errores que un empresario ya sabe evitar, los contactos construidos durante años o las señales que permiten anticipar una negociación difícil pueden convertirse en materia prima para nuevos procesos.

Para quienes llevan décadas trabajando puede ser mucho más útil preguntarse cómo anticiparse a lo que un cliente puede necesitar y responder con la experiencia de quien ya ha enfrentado situaciones similares muchas veces. En pocas palabras, demostrar por qué eres el experto y aprovechar que esa experiencia también puede apoyarse en inteligencia artificial para responder más rápido, con un criterio respaldado por años de práctica. ¿Qué harías con tu experiencia y 20 dólares de inteligencia artificial?


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