Dolly Parton y Gloria Steinem: El adiós a dos iconos que redefinieron el feminismo

Ciudad de México /
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La partida de Dolly Parton el 25 de agosto de 2026 a los 80 años y la de Gloria Steinem apenas unos días después, el 2 de septiembre a los 92, cerraron con una cercanía impresionante una época dorada para los derechos y la libertad de las mujeres.

Aunque separadas por una década de diferencia en el nacimiento —Gloria nacida en Ohio en 1934 y Dolly en los Apalaches en 1946—, ambas coincidieron en la arena pública durante medio siglo para destruir estereotipos, cada una desde su propia trinchera.

Pues si bien existe la falsa creencia de que la emancipación femenina tiene un solo uniforme, ellas demostraron que se puede cambiar el mundo tanto con unas gafas de aviador y una pluma como con una melena rubia platinada y un traje de lentejuelas. El punto de quiebre de su reconocimiento se dio en enero de 1987, cuando Gloria y la revista Ms. nombraron a Dolly mujer del año, derribando los prejuicios del feminismo institucional hacia la cultura popular. Así, esta validación mutua y el cruce de mundos lograron romper la barrera elitista entre la alta política de género y las masas.

Algo de lo que poco se habla es del estigma compartido de la apariencia contra el cual las dos se enfrentaron. Pues ambas tuvieron un reto común: lidiar con los prejuicios de género que buscaban restarles mérito a sus intelectos y trayectorias, como si el cuerpo fuese un delito. A Gloria, la sociedad patriarcal y los sectores conservadores intentaron reducirla constantemente a la "chica bonita" que fingía escribir o utilizaron su célebre reportaje de investigación en el Club Playboy para desacreditarla, asumiendo que su elegancia y su atractivo físico eran incompatibles con el rigor intelectual y la profundidad política.

A Dolly, por su parte, la industria cultural la marginó bajo el prejuicio de su hiperfeminidad artificial, juzgándola como una caricatura superficial por sus pelucas, su maquillaje y sus trajes de lentejuelas, e ignorando deliberadamente que era una compositora brillante y una sagaz empresaria; una trampa de la apariencia que ambas desarticularon, demostrando que la inteligencia y la libertad caben tanto en un traje sastre impecable como en un vestido brillante.

Frente a esto, la genialidad de ambas consistió en devolver el golpe a través de la ironía y la apropiación radical de su propia imagen. Mientras Gloria convertía su elegancia y su rigor intelectual en una herramienta de combate político, Dolly hacía exactamente lo mismo desde el lado opuesto: adoptaba cada símbolo recargado de la feminidad tradicional y los estereotipos comerciales para transformarlos en una fuente consciente de poder y humor, demostrando al mundo que la subversión más eficaz es aquella que utiliza las propias reglas del patriarcado para derribarlo por completo.

Lejos de quedarse en el terreno ideológico, ambas supieron traducir su visión en transformaciones tangibles para el mundo real. Gloria impulsó la teoría feminista hacia la acción directa, construyendo estructuras, impulsando debates legales cruciales y fundando espacios como la revista Ms. para consolidar derechos colectivos. Dolly, por su parte, desplegó un impacto social igual de profundo a través de su faceta empresarial y su inagotable filantropía: elevó himnos obreros como 9 to 5 para denunciar la explotación laboral, levantó oportunidades económicas en zonas marginadas y regaló millones de libros a la infancia a través de sus fundaciones, demostrando que la generosidad y el éxito comercial también pueden ser herramientas revolucionarias.

Ambas demostraron que la fuerza femenina jamás necesitó pedir permiso ni ajustarse a un molde único, recordándonos que ser dueña del propio destino es la revolución más elegante. Ya sea desde una redacción en Manhattan o desde un escenario en los Apalaches, Gloria y Dolly transformaron la ironía y la libertad en el legado más vivo de nuestro tiempo.


  • Sarai Aguilar Arriozola
  • Doctora en Educación, máster en artes, especialidad en difusión cultural
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