Tengo una pregunta para ustedes: ¿su algoritmo también está invadido por gente gritando sobre qué entretenimiento hay y no hay que consumir estos días?
El mío sí, y estoy harta. No porque crea que tengamos que ver o escuchar cosas que no queremos, sino porque el discurso parece tener cada vez menos que ver con las creaciones y más con las posturas políticas —percibidas y a veces reales— de quienes las hacen.
¿Empezamos por Harry Potter? Viene la serie basada en los libros que lograron que una generación entera empezara a leer. Después llegaron películas que marcaron una era y hasta una espectacular obra de teatro. Pero siquiera mencionarlo hoy pareciera para algunos una declaración hostil contra la comunidad trans. Nada es así de blanco y negro.
¿Ed Sheeran? La cancelación por mal clima de sus conciertos en Gillette Stadium fue tomada como “karma” por no sostener la postura política de su acto de apertura, quien habló sobre Palestina en el escenario.
¿Taylor Swift? Multimillonaria cuyo plan parece ser destruir el medio ambiente… o lo que sea esta semana respecto a aquello sobre lo que debía querían que se pronunciara y no lo hizo.
Ahora viene Digger, la extraordinaria cinta de Alejandro González Iñárritu protagonizada por Tom Cruise. Y como muchos se han declarado acérrimos enemigos de las posturas políticas expresadas por la dramaturga Sabina Berman, a mí ya me inundaron bots y una que otra persona real anunciándome que se niegan a verla. Están en su derecho. Yo creo que se perderán de algo grandioso.
Lo curioso es asumir que uno comparte visiones políticas o sociales sólo porque le gusta el trabajo de alguien. Entiendo que alguien decida no dar su dinero a una persona cuyas posturas considera inaceptables. Pero entre tanto grito alrededor de una obra, las acciones que realmente podrían cambiar algo terminan quedando en las sombras.
Todos tenemos derecho a disentir y a consumir lo que queramos. Pero cuando el grito de boicot se vuelve automático, perdemos una oportunidad mucho más interesante: escucharnos, discutir, aprender y quizá cambiar algo. En este caso, incluso a través del arte.