Con el estreno de la serie Timbiriche en Vix y Televisa llegan las habituales reacciones y obsesiones que despierta cualquier producción sobre algo con lo que el público tiene una relación personal. Pero esta vez hay algo más: Mariana, Álix, Diego, Benny, Sasha y Erik nos piden, mediante un comunicado, recordar que esa no es su versión de la historia. Nadie los consultó.
La producción recurre al cómodo recurso de presentarse como una ficción inspirada en hechos reales, aunque remita a personas que existen y tendrán que vivir con las consecuencias de lo que se cuente sobre ellas.
Por más que sus productores hablen de una enorme investigación, prescindir de las voces de los protagonistas resulta, cuando menos, cuestionable. No porque sean los únicos dueños de la verdad, sino porque son quienes vivieron sus consecuencias.
Como público somos predecibles. Y como periodistas o creadores de contenido sabemos lo que ocurrirá con los clips descontextualizados, las opiniones disfrazadas de verdades y las reacciones ante cualquier escándalo. Todo cuantificable, todo aprovechable por el algoritmo. Más aún ahora que los integrantes se deslindan públicamente.
Luis Miguel comprendió el poder de controlar su propia narrativa y por eso fue productor de su propia serie. Y en su caso funcionó, aunque no siempre sucede con las biografías autorizadas y cuidadas por sus protagonistas. ¿Sería que por eso no los hicieron parte? ¿Lo intentaron siquiera?
La serie tiene derecho a existir. La libertad creativa es indispensable y ninguna historia pertenece exclusivamente a sus protagonistas, pero esa libertad también implica responsabilidad.
Y si vamos a convertir en una posible fuente de escándalos algo que formó parte de tantas infancias y alegrías, ¿no sería lo mínimo escuchar a quienes estuvieron ahí?
Porque no es lo mismo contar la historia de Timbiriche que decidir, sin escucharlos, qué historia van a cargar sus integrantes de ahora en adelante. Por más que digan que la serie es “ficcionada”, ese es un recurso legal para no tener problemas, no con lo que usualmente se queda el público en casos como este.