Hoy no voy a hablar de la industria del entretenimiento, pero sí de comunicación y comunidad. De lo que nos une cuando ocurren cosas tan crueles que olvidamos lo extraordinario de hablar con desconocidos en la calle.
Me encanta llevar a mis perritos a parques de Ciudad de México. Verlos descubrir el mundo con sus olfatos perfectos y esa capacidad de asombrarse como si fuera la primera vez.
La alegría desbordada cuando ven sus correas y saben que iremos a algún lado, no importa a dónde. Estoy y siempre he estado enamorada de ellos. Los veo hacerse viejitos, unir familias e impedir que haga mi cama porque su misión es desparramarse sobre las cobijas precisamente en ese momento. Cada día los amo más.
Hoy explorábamos los parques México y España. No habíamos caminado ni 100 metros cuando una mujer con un hermoso bulldog nos preguntó, como si nos conociéramos de toda la vida:
“¿Ya te dijeron?”.
Acababan de encontrar salchichas envenenadas en el parque y ya había víctimas. Sentí un dolor en lo más profundo de mi estómago e hice aún más corta la distancia entre mis perros y yo con las correas. Guardé mi celular. Sólo había que verlos a ellos y lo que exploraban.
Un minuto después, una chica muy joven llegó corriendo: “¿Ya saben?”. Sí. Y la vimos alejarse para advertir a otros. No sé quién sea esa chica, pero la quiero.
No entiendo esa maldad, la que literalmente envenena a seres inocentes. No puedo ni empezar a procesarla sin descomponerme.
En las siguientes tres cuadras hablé con unas 20 personas. Todas nos advertíamos, queríamos proteger a nuestras criaturas. Después —y debo decir que rápidamente— respondieron de la alcaldía, los comités vecinales, internet. Pero me quedo con esos primeros minutos, con desconocidos cuidando a desconocidos. Esas son las personas que tenemos que ser.
Sí, con correa, recogiendo lo que ensucian, sin molestar a nadie. Pero no hay nada en el mundo que justifique semejante crueldad contra ese amor tan puro que ellos encarnan. Y quiero quedarme con esto: somos muchos más quienes haríamos lo que fuera para que no vuelva a ocurrir y la mañana de ayer fue prueba de ello.