Gracias, Polo Polo

  • Estado fallido
  • Susana Moscatel

Ciudad de México /

Cuando lean esto seguramente se estará ya hablando de las nominaciones al Oscar que se llevaron a cabo hoy muy temprano, y vaya que le dedicaremos tiempo a ello. Pero este espacio es para ese comediante que tanto nos hizo reír, y a quien tanto le debemos, aunque hoy en día sería muy difícil ver replicada su extraña y venturosa carrera como un gran comediante: Leopoldo Peláez García Benítez, Polo Polo, para los amigos. 

¿Qué hacía Polo Polo distinto a los demás? Narrar historias con imágenes verbales de lo más explícitas; por supuesto un tanto —pero no solamente— albureras, y siempre conectando con esa parte de nosotros que se supone estaba prohibida, y haciéndonos sentir como cómplices de sus historias. Sí, eran chistes, pero si hay un ejemplo perfecto de que no es el remate sino cómo se narra toda la historia, ese es Polo Polo.

Sí, producto de sus tiempos. Todos lo somos. Yo y mis amigos teníamos los casetes que entre “El vampiro fronterizo”, “El hipódromo de productos femeninos” (ganó Tampax por un hilo), “El cu… perdido en el bosque” o incluso cuando se aventó a cantar “Quiero una novia pechugona”, original de La Trinca, que nos hacía reír sin control y no ofendía a nadie, que yo recuerde.

Por y para siempre así recordaré a Polo Polo, quien por cierto, en el trato personal era todo un caballero. Soy de la generación que alcanzó a verlo en vivo en El Patio y en el Frú Frú (denle a Google, chavos), y sé que mientras teníamos terror por un lado de que nos cachara con nuestros peinados de bóiler (eran los 80) y nos molestara sin piedad, el contrato era ese: todos íbamos a reírnos, unos de los otros y de nosotros mismos. Esas risas nadie las cancelará nunca.

Susana Moscatel



Twitter: @susana.moscatel
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