Hay aniversarios que pegan con el peso del tiempo y la emoción de revisitar momentos en nuestra existencia. Quienes amamos Rent, de Jonathan Larson, celebramos lo que una obra hace por nuestra comunidad, vida y, sobre todo, por el presente.
Me acuerdo cuando Rent era nuevo; antes de llegar a Broadway, Larson aún lo tallereaba en el New York Theatre Workshop con algunos de quienes acabarían en el elenco original: Anthony Rapp y Daphne Rubin-Vega. Internet era bastante nuevo al final del milenio pasado; eso no impidió que los fans alrededor del mundo nos encontráramos y nos llamáramos Rentheads.
Los que podían llegar a la Calle 41 de Manhattan pasaban —pasábamos— horas esperando la lotería de boletos de 20 dólares. Fue el principio de una magia incluso para quienes crecimos enloquecidos con el teatro musical. Rent lo cambió todo para siempre.
Anoche hubo un concierto por el 30 aniversario del musical que su creador jamás alcanzó a ver. Larson se desplomó durante un ensayo técnico y murió por una disección aórtica días después, tras el último ensayo general. La tragedia y la ironía no pasan desapercibidas en un musical que habla de morir joven pero de vivir cada día como si fuera siempre.
En 1999 Rent llegó a México y cambió generaciones enteras. Hay quien dice que llegó muy pronto; yo sé que fue perfecto y que, a pesar de ser un momento único, siempre estará vigente. Sé que nos urge que regrese ahora que lo está haciendo en lugares como el West End de Londres.
¿Ustedes cómo miden el año? ¿En esos 525 mil 600 minutos del segundo acto? Yo sí, y también en el tipo de emociones que me dio Rent cuando era tan joven y que hoy siguen siendo lo primero que me mueve ante la vida y sus pérdidas. Sí, se “mide en amor”.