Vivimos tiempos extraños, en los que el presidente de Estados Unidos se pelea con sus contrincantes imponiendo apodos, posts y amenazas, donde los países parecen brincar de la ultraderecha a la ultraizquierda y luego hacer todo lo contrario. Así que no está nada mal acordarnos de lo que realmente hacen los diplomáticos en un contexto más razonable.
La nostalgia por la normalidad en las secretarías de Relaciones Exteriores se ha convertido en un excelente motivo para disfrutar una gran historia, pero esa no es la única razón por la que me emocionó el anuncio de la renovación para su quinta temporada de The Diplomat, protagonizada por Keri Russell y Rufus Sewell.
Otro motivo es Debora Cahn, la showrunner que trabajó en grandes series como Homeland y The West Wing. Hace más de 20 años descubrió que los conflictos, tratos y acuerdos de las negociaciones entre países podían ser una gran historia. Y hoy reconoce que la realidad política se ha convertido en la peor enemiga de la ficción por parecer tan inverosímil. Tardó dos décadas en lograrlo.
Tal vez la locura política tenía que llegar a este grado, pero lo logró. Y tengo que decir que cada temporada se pone mejor.
Deborah Cahn también echó mano de maravillosos actores como Allison Janney y Bradley Whitford, ambos de The West Wing, quienes tienen un papel fundamental en la temporada que acaba de estrenarse.
No diré más, porque los spoilers en el streaming no saben de tiempos. Pero si quieren una serie inteligente, con humor seco y brillante e intrigas mucho más humanas que las que vemos en las noticias, tienen cuatro temporadas que gozar antes de que se estrene la quinta.