Terminó la serie que TelevisaUnivision estrenó en Vix sobre Timbiriche y quiero pensar que se les salió de las manos. Si traficar con el morbo era el objetivo, se salieron con la suya. Y si eso se mide en audiencia y suscripciones, me preocupa el ejemplo que deja.
La vida y la Suprema Corte ya dejaron claro lo que ocurrió entre Luis de Llano y Sasha Sokol. La serie, no. Convirtió hechos dolorosos en melodrama y no lo hizo bien, pese a las décadas que Televisa lleva dominando sus reglas.
Me avergüenza cómo la ficción parece darnos permiso, a la prensa, a los creadores de contenido y al público, para especular sobre una historia de abuso contra una niña. Inventar situaciones alrededor de personas reconocibles y llamarlas “ficción”, es proteger a todos menos a las víctimas.
¿Tenían que inventarse un ejecutivo para no ver de frente el papel de Televisa en la construcción de el ambiente en el que esto pasó? Y si ahora la empresa convierte esas historias en show sin cuestionar su responsabilidad, ¿no está perpetuando el problema?
Dejemos en paz a quienes integraron una banda cuando eran niños. No encontré redención alguna en el desenlace. Terminé de malas, avergonzada de haberla visto, aunque fuera por trabajo. Me sentí parte del problema.
Yo fui una de esas niñas que soñaban con estar en Timbiriche. Ahora los conozco y sé cuánto han trabajado para salir adelante y seguir haciendo lo que aman después de una infancia tan irreal. Ese lugar al que tantos llamaban “su casa, Televisa” no debería tratar así a quienes también construyeron mucho de lo bonito que tuvo. ¿Ya estuvo, no?