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El poeta de Paz en El arco y la lira es un hombre desafiado por una “voz ajena” y una “voluntad extraña”. Vive en un lugar donde antes la naturaleza, muy antigua, estaba llena de dioses y demonios, luego la ocupó un Dios único, y ahora solo contiene presencias “sin rostro: la Raza, la Clase, el inconsciente (individual o colectivo), el Genio de los pueblos, la Herencia”. Es un hombre desgarrado, un “médium por cuyo intermedio se expresan, en cifra, el Sexo, el Clima, la Historia o algún otro sucedáneo”. Es un hombre, ahora moderno, que se ve sometido al impulso a veces insoportable de la inspiración y enfrenta un “silencio ininteligible”. No sabe exactamente qué va a escribir ni cómo se llama lo que va a nombrar. No sabe aún que las palabras de la poesía revelan “nuestra condición original porque por [ellas] el hombre efectivamente se nombra otro, y así él es, al mismo tiempo, éste y aquél, él mismo y el otro”. Quizás al poeta de Paz lo desconcierten al principio estas categorías o representaciones, pero las acabará entendiendo, pues la “otredad” se manifiesta como elemento constitutivo del hombre a través de la inspiración, que equivale a “lanzarse a ser, sí, pero también y sobre todo…recordar y volver a ser. Volver al Ser”.

El poeta de Paz se asemeja al de Heidegger, y el de Heidegger surge de Hölderlin. “¿Para qué poetas?” es la primera parte de un verso de la séptima estrofa de la elegía “Pan y vino”. Heidegger elige la pregunta como título de un ensayo escrito en 1946, en conmemoración del vigésimo aniversario de la muerte de Rilke, el 29 de diciembre de 1926. En la versión de Michael Hamburger, el verso completo dice: ”and who wants poets at all in lean years?”; en la de Raúl Gabás, traductor de la biografía de Rüdiger Safranski, Hölderlin (Tiempo de Memoria): “¿y para qué poetas en tiempos de indigencia?” Heidegger responde en los términos de la nostalgia absoluta que aqueja a Hölderlin: el poeta con su canto debe seguir atento el rastro de los dioses fugitivos. Si se analiza con seriedad lo que enuncia la poesía de Hölderlin —señala Heidegger— se percibe lo inexpresable. “Ese es el curso de la historia del Ser… que conducirá el pensamiento a un diálogo con la poesía, diálogo que atañe a la historia del Ser”.

El acercamiento de Heidegger a Hölderlin, según Safranski, se intensificó luego de su fracaso como rector nacionalsocialista en Friburgo de 1933 a 1934: “escogió a Hölderlin como su héroe para poder enfrentarse a este doble problema, el de la fe y el del desvarío político. Con Hölderlin logró ambas cosas. El poeta se convirtió en un nuevo ‘caudillo’, ya no necesitaba a alguien como Hitler”. El hecho de que haya necesitado a Hitler me parece más inquietante que la ausencia de los dioses. Cuenta también Safranski que en 1943 los nazis mandaron cien mil ejemplares de una selección de textos de Hölderlin al frente oriental para difundir el mensaje de que la patria era sagrada. Los poetas son útiles en muchas ocasiones.


AQ / MCB

  • Tedi López Mills
  • Ha publicado numerosos libros de poesía, además de cuatro volúmenes de prosa.
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