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Paz asegura en El arco y la lira que “sin el conjunto de circunstancias que llamamos Grecia no existirían La Ilíada y La Odisea; pero sin esos poemas tampoco habría existido la realidad histórica que fue Grecia.” No puede haber Estado, Iglesia, sociedad o comunidad si no hay antes “palabra poética”. Hasta donde voy en el libro, Paz no ha dado ninguna prueba de que esto sea cierto; significaría, entre otras cosas, que la fundación de esas entidades relativamente complejas ocurre de una vez por todas, aunque quizás haya Estados recientes surgidos de una o varias palabras poéticas que yo desconozco. En todo caso, la referencia a las obras de Homero me permite desviarme hacia la traducción de la Odisea de Emily Wilson que se publicó en 2018 y que ahora, gracias a la película de Christopher Nolan, se ha convertido en un gran éxito de ventas. Se anuncia, además, como la primera hecha por una mujer. Sin embargo, en mi búsqueda de datos aparece una anterior, en prosa, de la cubana Laura Mestre Hevia, realizada entre 1939 y 1943 (también tradujo la Ilíada). Estuvo inédita durante 80 años. Se publicó apenas en enero pasado.

En su prólogo Wilson no es modesta. Supongo que sería demasiado pedirle a alguien que traduce a Homero. Cumple, con desgano, casi por protocolo, con la costumbre canónica que tienen los traductores y las traductoras de ofrecer disculpas por las posibles omisiones, debilidades de su traducción. Señala, en ese sentido, que hace falta redefinir los términos en los que se concibe esa labor —cuyo objetivo no es crear una “ventana transparente” que deje ver el texto de origen— y el papel primordial que desempeña la interpretación cuando se traslada un idioma a otro. Con un poema tan antiguo y tantas veces traducido como la Odisea los cotejos con versiones previas son esenciales, determinantes. A menudo se cambia lo que funciona con tal de que no haya semejanzas: parte del oficio, una forma de marcar el territorio. Lo que me ha sorprendido es el siguiente argumento de Wilson que citaré completo (me costaría trabajo parafrasearlo): “La metáfora con perspectiva de género de una traducción ‘fiel’, cuyo valor es siempre secundario al del original de autoría masculina, adquiere un sesgo particular en el contexto de la traducción de la Odisea por parte de una mujer, pues el poema está profundamente imbuido de fidelidad femenina y dominio masculino.”

No sé si este sesgo conceda permisos especiales. Por ejemplo, que frente a una obra en la que predomina el poder masculino, las traductoras puedan liberarse del yugo de la fidelidad, tomarse licencias, cometer adulterios, para seguir con las metáforas con perspectiva de género. En mi lectura de la Odisea de Wilson he notado, sobre todo, coloquialismos: “you must be joking”, “you used to have some brains”, “she looked astonishing” (acerca de Artemisa). En el “Dear Daddy” que le dice Nausícaa a su padre, Alcínoo, resuena, rechina, el “Daddy” de Sylvia Plath. No hay decisiones inocentes.


AQ / MCB

  • Tedi López Mills
  • Ha publicado numerosos libros de poesía, además de cuatro volúmenes de prosa.
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