La falsa Esparta de Sayula

Jalisco /
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Mi papá es militar y piloto, pero no se parece a lo que uno imagina al oír esas palabras. Cuando mis hermanos eran chicos y pensaban seguir sus pasos en el Colegio del Aire, él desviaba la conversación. Que mejor una escuela privada. Nunca ha contado del todo el trato ni lo que se guarda, pero le bastó para no querer eso para sus hijos.

Pienso en él con el caso de la Academia Militarizada Esparta, en Sayula. Lo que no logro entender es cómo unos padres deciden internar ahí a sus propios hijos.

Sería fácil llamarlos malos padres, pero no. Estaban desesperados. Muchos tenían hijos con ansiedad, con depresión, con alguna condición del neurodesarrollo, con conductas que no sabían manejar. Habían pedido ayuda en todos lados y casi en todos les cerraron la puerta. En México, una familia con un hijo así se topa con escuelas que lo expulsan, con terapias impagables, con un sistema de salud mental incipiente y con un vecindario que la mira como si todo fuera mala crianza. Cuando alguien por fin le ofrece una salida, quiere creer.

La academia vendía alivio, más que educación. Tomaba lo que más angustia a un padre, el hijo que no obedece, el que sufre. Prometía devolverlo compuesto. Le ponía uniforme al miedo y la llamaba disciplina. A la madre de un niño con autismo le juraron que ahí lo iban a ayudar. Terminaron rompiéndole los peluches con los que se calma. Se ve que no saben del tema.

Todo esto se sostiene sobre una idea muy añeja, la de que la mano dura arregla lo que lo demás no pudo. Los de mi generación todavía crecimos oyendo que la letra con sangre entra, que un buen susto endereza, que a los muchachos de hoy les falta rigor. Esa idea es la verdadera clientela de estas escuelas. Se paga por la promesa de que un poco de crueldad, bien medida, salva. Es falso, pero cómodo de creer, porque nos ahorra lo más difícil, acompañar durante años a un hijo que no encaja. Por eso el encierro funcionaba. El primer mes no había visitas. Cuando un padre volvía a ver a su hijo, ya era tarde. Un hombre contó que pagó casi cien mil pesos para que se lo entregaran. Lo mandó a que lo corrigieran y terminó pagando un rescate. El niño volvió nueve kilos más flaco y con terapia psicológica por delante.

La autoridad, mientras tanto y como de costumbre, mira para otro lado. La Secretaría de Educación de Jalisco dice que no puede supervisarla porque no tiene reconocimiento oficial, la misma que había declarado que en Jalisco ya no existían escuelas militarizadas. La Fiscalía acumula ocho denuncias y ni un detenido. La Esparta avisó que seguirá abierta. A partir del 31 de agosto la SEP prohíbe estas escuelas en todo el país, ojalá sirva.

Mientras sigamos creyendo que a un niño difícil se le compone a golpes y a distancia, habrá quien nos venda esa fantasía. Mi papá vio lo que hay debajo del uniforme y por eso calló y mantuvo lejos a sus hijos. A estos padres les vendieron lo contrario y quisieron creerlo. Estas escuelas no viven de monstruos sueltos, sino de padres rotos que no encuentran ayuda en ningún lado y de una sociedad que todavía aplaude la mano dura e insiste en llamarla amor. Me hierve el buche.


  • Teresa Vilis
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