M+ Ayer en la noche, el expresidente Obrador envió un comunicado donde se mostró consternado por la forma en que Trump ha cambiado.
Expresó que, en su primer término, este solía ser una persona con la que se podía negociar de buena fe y cuyo instinto práctico lo decantaba en favor de resoluciones positivas para ambos países. Y atribuyó su transformación a la manipulación de sus consejeros.
“Por el bien de todos, que regrese el otro Trump”, remató.
El comunicado sorprende no por lo que comunica sobre el presidente de Estados Unidos, sino por lo que deja entrever sobre lo que será la estrategia del gobierno de México de ahora en adelante: morir en la batalla.
Ni un paso atrás. Si Estados Unidos busca, como expresa Obrador, debilitar a Morena para empoderar a un gobierno de derecha que se subordine a sus intereses, Morena no perecerá sin bajar las armas. En esa guerra no solo sufrirá México, lo harán también Estados Unidos y el propio Trump.
Lo que Obrador dice, entre líneas, es que su partido se defenderá con todas las herramientas que estén a su disposición y que ello implicará pérdidas para todos. Un David dispuesto a inmolarse contra Goliat. Eso sí, no sin primero darle unos buenos golpes. Una casa que se encenderá con todos sus miembros adentro, incluyendo quien comenzó el fuego.
Es decir, las consecuencias no solo serán negativas para Estados Unidos, sino para México en sí mismo.
Y ello implica inestabilidad doméstica, afectaciones de bienestar para ambos países y económicas para empresarios, inversionistas y para muchos de los que hoy celebran el intervencionismo de Trump. Por eso la misiva no termina diciendo “por el bien de Morena”, sino “por el bien de todos”.
Las palabras de Obrador son potentes, pues implican que México está considerando seguir el camino de Lula da Silva en Brasil. Cuando este se vio acorralado por Trump, quien intentó apoyar a Bolsonaro, su principal adversario político, Lula no claudicó. Se enfrentó a Estados Unidos con la valentía de quien sabe que no tiene nada que perder porque a sus ojos, ya había perdido.
En cierta forma, Morena lo siente igual. Ellos consideran que la decisión no es entre perder y ganar, sino entre perder cabizbajos o perder haciéndole daño a sus adversarios. Lo segundo no solo lo perciben como más digno, sino como parte de su lucha histórica por defender al pueblo que, al final, todavía los respalda.