M+.- La constante comparación que se hace entre Morena y el PRI me parece errada, no porque no tenga dejos de verdad, sino porque obscurece la principal diferencia entre ambos: mientras el PRI era un partido de masas que operaba mediante un afinado corporativismo sectorial, Morena actúa más como una franquicia. Me explico.
Morena ostenta la marca política más poderosa del México contemporáneo. El partido convence a 1 de cada 4 electores, tiene una agenda clara de propuestas y consignas, y un fundador con amplios positivos.
La teoría económica indica que, cuando se posee una buena marca y se desea expandir de manera acelerada, una forma de lograrlo es franquiciando. Es decir, apoyándose en emprendedores locales para ampliar presencia.
Eso fue exactamente lo que hizo Morena.
Morena creció a partir de reclutar emprendedores políticos locales. Activistas o movilizadores preexistentes que iban desde líderes vecinales en Iztapalapa hasta exzapatistas en Chiapas, o políticos profesionales de otros partidos. Los emprendedores contaban con apoyos propios, pero no habrían logrado ganar una elección de no ser por la “marca” de Morena.
El modelo fue muy exitoso. Obrador obtuvo un partido con una presencia territorial inigualable, al tiempo que los emprendedores cosecharon triunfos. De hecho, a nivel local varios partidos casi desaparecieron porque sus cuadros con mayor territorialidad gravitaron hacia Morena.
El problema ha sido que, como toda franquicia, cuando no se elige bien a los franquiciatarios, estos afectan la confianza en la marca.
Cuando Mario Delgado estuvo al frente de Morena, las franquicias se otorgaron sin escrúpulos, solo a quien pudiera atraer más votos. El resultado lo vemos hoy: escándalos de corrupción y malos gobiernos locales con el sello de Morena por doquier.
Ahora Citlali Hernández tiene la responsabilidad de mejorar la selección de los franquiciantes y Sheinbaum de desfranquiciar a los peores. De no hacerlo, las consecuencias serán irremediables.
Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.