A dos pisos de distancia

Ciudad de México /
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En los recorridos Piso por Piso que hemos hecho en 256 de los 277 hospitales del IMSS, hubo una frase que se repitió, sobre todo entre las enfermeras: “lo pedimos y no llegó”. En muchos casos registrados, ese material de curación, esas jeringas o esos catéteres estaban ahí, en el almacén del mismo hospital, a dos pisos de distancia. Entre la enfermera que los necesita y el almacén hay un oficio o una firma pendiente. Esa es la distancia que tenemos que acortar.

La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo en días pasados: muchas de las fallas no son de mala fe, sino de procesos que no se modernizaron en cuarenta años, y lo que se necesita es “una revolución digital”. Tiene razón, y en el IMSS nos toca hacernos cargo. Ningún paciente debería pagar con largas esperas el costo de un trámite.

No partimos de cero. Cada día el Seguro Social surte más de 700 mil recetas y 94% se entrega completa en la primera visita. Pero ese 6% equivale a unas 42 mil personas que todos los días salen de la farmacia sin su tratamiento completo. Para ellas habilitamos recetacompleta.gob.mx y el teléfono 800 953 2218. Son parte de la solución, aunque las respuestas de fondo están en cómo funcionamos por dentro.

Hoy tenemos expediente clínico electrónico, pero todavía hay solicitudes de insumos que dependen de un documento firmado. Podemos procesar millones de datos, pero algunas decisiones siguen atrapadas en un largo proceso burocrático. Lo que sigue es digitalizar y automatizar almacenes, incorporar inteligencia artificial para anticipar necesidades y conseguir que una medicina solicitada por la mañana pueda estar en la unidad esa misma tarde.

Se trata de devolverle tiempo al personal que hoy lo pierde consiguiendo un insumo. Durante años, el IMSS se ha preciado de tener todos sus procedimientos normados. Pero cada procedimiento debe responder una pregunta: ¿a quién protege este oficio? Si no protege al paciente ni a quien lo atiende, hay que transformarlo.

Ese cambio no se está diseñando en un escritorio. Ya recorrimos casi todos nuestros hospitales, piso por piso, con la participación de más de 11 mil personas; siete de cada diez, de la base trabajadora. No fuimos a descubrir el hilo negro, sino a escuchar a quienes sostienen el hospital, también en el turno de noche, el que menos se ve.

Lo que encontramos no es solamente una lista de carencias. Es el conocimiento de quienes saben dónde se atora una solicitud, qué procedimiento puede simplificarse y quién podría resolver en una hora lo que hoy tarda una semana. Cada acción prioritaria tendrá un responsable y una fecha.

Sé que hay compañeras y compañeros inconformes, y que su inconformidad nace de la misma realidad que describo. Escucharlos en los hospitales es la forma más seria de saber qué cambiar. Su experiencia vale más que cualquier manual.

El IMSS de hoy no es el mismo de 2019. Atendemos a más personas, realizamos más procedimientos y contamos con mayores capacidades médicas y tecnológicas. Desde 2019 pasamos de tres a 36 centros para niñas y niños con cáncer y sumamos 100 mil trabajadores más; entre 2022 y 2025 pasamos de 1.2 a 1.8 millones de cirugías al año, y las consultas de especialidad aumentaron 43%. Crecer era indispensable. Ahora toca algo menos vistoso y más complejo: que todo ese crecimiento funcione sin fricciones, sin oficios inútiles y con la información a la vista de quien atiende.

El Seguro Social nació en 1943 de un acuerdo entre trabajadores, patrones y gobierno: cada quien pone una parte para que nadie enfrente solo la enfermedad. Ese acuerdo no envejece; envejecen los procedimientos con los que lo cumplimos. Modernizarlos es, en el fondo, una forma de volver a firmarlo.


  • Zoé Robledo
  • Director general del IMSS, escribe todos los martes su columna "¿Qué hicimos?" en Milenio diario
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