El 1 de mayo de 1934, Lázaro Cárdenas escribe en sus Apuntes: “A las 12 horas dirigí por radio a los trabajadores de la República un saludo, insistiendo en la organización cooperativa como medio efectivo para mejorar las condiciones del mismo trabajador y aumentar la producción agrícola e industrial del país. (...) A las 18 horas dio Amalia a luz un niño. Feliz coincidencia la de su nacimiento en este día 1 de mayo. Llevará por nombre Cuauhtémoc Lázaro Cárdenas Solórzano”.
Cuatro años después, el presidente envía al Congreso un proyecto de Ley del Seguro Social. No prosperó entonces, pero de esa visión nació en 1943 el IMSS. Quienes hoy servimos en el instituto somos herederos de esa misma página.
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano murió el miércoles 28 de octubre, a los 92 años. Durante casi cuatro décadas bastó decir El Ingeniero para saber de quién se hablaba. Dedicó su vida a construir. Estudió ingeniería civil en la UNAM; en la cuenca del Balsas levantó la presa de La Villita y dirigió la siderúrgica Las Truchas. Allá aprendió que las obras que importan tardan y que muchas veces no las inaugura quien las imaginó.
No era un hombre de estridencias; hablaba pausado, sin prisa. Conmigo siempre fue generoso con su tiempo y sus consejos; cuando fui senador por Chiapas, nuestros encuentros fueron varios y largos. Fue respetuoso del adversario y de las instituciones. Como gobernador de Michoacán reconoció triunfos de la oposición cuando eso no se acostumbraba. Con la Corriente Democrática pidió algo hoy elemental: que el partido en el poder escogiera a su candidato de cara a sus militantes. Y en 1988, con la indignación de millones de su lado, eligió el camino largo: convertir el agravio en organización y la protesta en opción política.
Los hitos los conocemos: la fundación del PRD y, en 1997, la primera Jefatura de Gobierno elegida por los capitalinos. Fue tres veces candidato presidencial y con cada campaña minó un sistema que se asumía invencible. Con él, y con la generosidad de Heberto Castillo, la izquierda dejó de ser testimonial. Su obra se mide en lo que hoy damos por descontado: la certeza democrática, la alternancia y un movimiento de transformación que inició con el Presidente López Obrador y hoy avanza en su segundo piso con la presidenta Claudia Sheinbaum.
Michoacán fue su tierra. Ahí el IMSS trabaja hoy en el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia. Hay obras grandes, como el nuevo hospital de 260 camas en Morelia, y otras pequeñas que importan igual, como la Unidad de Medicina Familiar de San Juan Nuevo Parangaricutiro. El 20 de febrero de 1943, apenas un mes después de publicada la Ley del Seguro Social, brotó ahí el volcán Paricutín. La lava sepultó al viejo pueblo; de su templo sólo quedó la torre asomando entre la piedra. La gente cargó con su Señor de los Milagros y fundó uno nuevo. Ochenta y tres años después, el Seguro Social, que nació con el volcán, llega a la comunidad que renació de sus cenizas.
El viernes, en Bellas Artes, la gente lo recibió con gritos de “¡Viva Cárdenas!” Hubo filas largas y alcatraces junto a su ataúd, cubierto por la bandera de México, la causa de su vida. Ahí, la presidenta Sheinbaum propuso que sus restos descansen en la Rotonda de las Personas Ilustres y lo despidió así: “Es un hombre valiente, está en la historia de México”. Valiente porque entendió que una causa justa puede perder una elección o esperar más de tres décadas y seguir teniendo razón.