M+.- El coche bomba, durante 16 años, ha estado presente de manera intermitente en la violencia del crimen organizado en México.
Los Zetas lo utilizaron en los primeros años de la guerra contra el narcotráfico para atacar policías, instalaciones públicas y grupos rivales; una década después, este recurso fue retomado por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), organización que amplió el uso de explosivos como parte de su forma violenta.
En el caso del CJNG, los coches bomba forman parte de un amplio abanico que incluye drones con artefactos explosivos, minas antipersonales y detonadores caseros.
Para “perfeccionar” estas prácticas, las autoridades identificaron, en Michoacán, la incorporación de exmilitares colombianos con entrenamiento especializado en armamento, tácticas de combate y uso de explosivos.
El antecedente de dicho periodo violento con el uso de detonadores se remonta a 2010, cuando el país estaba inmerso en la ofensiva federal contra los cárteles.
Estados donde se han reportado explosiones
Ciudad Juárez, Chihuahua; Zuazua, Nuevo León, y Ciudad Victoria, Tamaulipas, fueron escenario de atentados con vehículos cargados con explosivos.
En Ciudad Juárez, en julio de aquel año, integrantes del crimen organizado tendieron una emboscada contra agentes federales, utilizaron como señuelo a una persona vestida como policía municipal, tirada boca abajo y con las manos atadas, en un ataque relacionado con la captura de un integrante de La Línea, brazo armado del Cártel de Juárez.
Cuando los agentes llegaron a bordo de tres camionetas, un coche bomba explotó y cuatro personas murieron; minutos después fue detonado un segundo vehículo, aunque sin causar más víctimas.
Tamaulipas también vivió entonces una sucesión de atentados. Entre 2010 y 2012, Ciudad Victoria registró al menos cuatro ataques con vehículos cargados con explosivos, a los que se sumaron otros dos en Nuevo Laredo, en el contexto de la guerra entre el Cártel del Golfo y Los Zetas.
En Nuevo León, Linares, San Nicolás y Santa Catarina fueron también blanco de ataques con coches bomba en 2011, atribuidos a Los Zetas, aunque sin víctimas mortales.
Ese mismo año, en Tula, Hidalgo, un vehículo cargado con explosivos provocó la muerte de un comandante de la Policía Ministerial. El automóvil había sido reportado de manera anónima como abandonado y con un cuerpo en la cajuela, al abrir una de sus puertas ocurrió la explosión.
Coches bomba volvieron a estar de moda
Después de 2012, el uso de coches bomba perdió presencia en los registros públicos. El método reapareció con fuerza en 2020, particularmente en Guanajuato, donde el Cártel de Santa Rosa de Lima fue señalado por autoridades como responsable de una serie de ataques.
El 8 de marzo de ese año, un vehículo explotó en el estacionamiento de la Feria de Celaya, frente a instalaciones de la Guardia Nacional; en abril ocurrió otra explosión en la salida de Celaya hacia Apaseo el Alto.
En junio, elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) aseguraron en la refinería de Salamanca un vehículo que contenía 12 artefactos explosivos, considerado ese caso como un intento fallido.
El antecedente muestra que el coche bomba, lejos de desaparecer, quedó como una herramienta disponible para organizaciones capaces de fabricar, transportar y detonar explosivos a distancia.
En diciembre de 2021, Tula volvió a ser escenario de una operación de este tipo cuando un comando armado utilizó tres vehículos con artefactos explosivos para irrumpir en el Centro de Readaptación Social (Cereso) y facilitar la fuga de José Artemio Maldonado Mejía, El Michoacano o El R, líder de Pueblos Unidos y nueve internos escaparon.
Pero en los años siguientes el CJNG retomó la estafeta en el uso de explosivos.
El CJNG convierte los explosivos en arma de guerra
El 24 de octubre de 2024, dos coches bomba supuestamente vinculados al grupo criminal de Jalisco explotaron casi de manera simultánea en Acámbaro y Jerécuaro, Guanajuato.
El primer vehículo detonó frente a las instalaciones de Seguridad Pública y dejó tres policías lesionados, uno de ellos de gravedad. En Jerécuaro, el ataque provocó daños a vehículos, negocios e inmuebles.
Al respecto, el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, explicó que los ataques formaban parte de la disputa entre grupos criminales por el control territorial y rechazó calificarlos como terrorismo.
Casi un año después, el 6 de diciembre de 2025 estas manifestaciones llegaron a Coahuayana, Michoacán, donde antes del mediodía una camioneta, con el conductor dentro, explotó frente a las instalaciones de la Policía Comunitaria en el centro del municipio.
Inicialmente, la Fiscalía General de la República (FGR) confirmó tres personas fallecidas y seis lesionadas, pero al día siguiente actualizó a cinco muertos y 12 lesionados. Adicionalmente, el ataque fue atribuido al CJNG en reportes de seguridad.
Apoyo de exmilitares colombianos
De acuerdo con autoridades de seguridad, el poder de la detonación es una de las más fuertes de las que se tenga registro en comparación con otros ataque con coche bomba por parte del crimen organizado.
Es aquí donde aparece una huella de paramilitarismo, otro elemento de la transformación del CJNG en el que aparece la participación de exmilitares colombianos.
Ya en mayo de ese año, fuerzas especiales de la Marina realizaron un operativo en Huitzontla, municipio de Chinicuila, contra la célula conocida como Los Indestructibles, identificada como una estructura del CJNG bajo el mando de Abraham Jesús Ambriz Cano, El Yogurt.
Tras el operativo, que duró varios días, dejó 12 presuntos integrantes de la célula muertos, se decomisaron artefactos explosivos improvisados, armamento, granadas y fueron detenidas nueve personas, la mayoría extranjeros de origen colombiano.
Pero más allá de su nacionalidad, los reportes de las fuerzas especiales los describen como hombres con entrenamiento en armamento de alto poder y tácticas de guerra; como ex militares colombianos reclutados por organizaciones criminales en Michoacán debido a su experiencia en explosivos, incluyendo drones cargados con artefactos y minas.
Coche bomba en 2026
En febrero de 2026, el CJNG detonó un coche bomba frente a una base de la Guardia Nacional en San Juan de los Lagos, presuntamente ordenado por Hugo Gonzalo Gaitán, El Sapo, tras la aprehensión de su líder en la zona de Los Altos de Jalisco.
Apenas el sábado 30 de agosto, otro coche-bomba explotó frente a una comandancia policial en Ojocaliente, Zacatecas, con un saldo preliminar de al menos 10 personas lesionadas.
La autoría del atentado contra la Comandancia de la Policía también podría ser un acto del CJNG, según información ministerial.
Las pesquisas también consideran otro ataque, también con un artefacto explosivo, ocurrido el sábado contra elementos de la Policía de Zacatecas en los límites con Aguascalientes.
Zacatecas es una plaza en pugna entre el CJNG y el Cártel de Sinaloa, de acuerdo con las propias autoridades.
RP