M+.- Una de las llamadas que interceptaron fue la de Luis Carlos Dávalos López, quien alardeaba por teléfono con otro traficante sobre cuántos migrantes cruzarían esa semana y de cuánto les cobraba por el paso.
Lo que llamó la atención de las autoridades fronterizas de esa llamada era que hablaba que los cruzaría por un agujero bajo tierra, entre Ciudad Juárez y El Paso. Eso sonaba a algo anormal para los agentes que escuchaban la conversación, pues históricamente los narcotúneles se habían usado para cruzar drogas, no gente.
Las autoridades de Estados Unidos clausuraron ese túnel el 10 de enero de 2025. Un sistema de ingeniería ya conocido que estaba conectado al sistema público de drenaje pluvial de El Paso, Texas. De 1.8 metros de alto por 1.21 de ancho, con cableado eléctrico, ventilación y vigas de madera que sostenían la tierra a lo largo de todo el paso.
Dávalos López, un mexicano de 29 años que trabajaba para el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), diría después que los migrantes de todos modos iban a seguir cruzando por otros medios.
Cinco meses más tarde, a casi mil 500 kilómetros de ahí, en Otay Mesa, San Diego, otro equipo de agentes de ese país, descubrió un cuarto de almacén dentro de una tienda de productos rebajados muy conocida, Buy 4 Less, debajo del cual encontraron un elevador hidráulico que bajaba 17 metros.
Este llevaba hacia un segundo túnel de casi 600 metros de largo con rieles y electricidad, que corría hacia la frontera con México.
Jalisco se mete de ‘pollero’
Una investigación de MILENIO, con base en los expedientes judiciales de las cortes federales de Texas y California, revela que el CJNG está incursionando en un negocio que durante décadas fue casi exclusivo del Cártel de Sinaloa: la construcción y operación de narcotúneles transfronterizos.
Los dos casos aquí reconstruidos se basan en archivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos y declaraciones de culpabilidad de septiembre de 2026, y son los primeros documentados en la historia reciente de ese país.
Hasta entonces, las plazas de Tijuana, San Diego y Ciudad Juárez, la más activa en túneles de todo el país desde los años noventa, se asociaba en los expedientes judiciales al Cártel de Sinaloa: sobre todo droga, cruzada bajo tierra. Pero el tráfico de personas por esa misma infraestructura no había aparecido como parte central de este negocio.
Así, los túneles ahora sirven para mover droga, pero también para cruzar migrantes a quienes se les cobra por el paso; un modelo de negocio más diversificado que las fiscalías estadunidenses han documentado como parte de la misma operación criminal del CJNG.
Vía subterránea entre El Paso y Ciudad Juárez
María del Rosario Navarro Sánchez, también mexicana de 39 años, usaba por igual los apodos de El Chayo y Fernanda, y tenía una vida binacional entre Ciudad Juárez, Chihuahua, y El Paso, Texas. Según una acusación, presentada el 2 de abril de 2025 en la Corte de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Oeste de Texas, desde 2019 operaba una red que movía metanfetamina y fentanilo hacia el interior de Estados Unidos.
No sólo eso: compraba armas de fuego para enviarlas de contrabando a México y, por si fuera poco, cobraba por cruzar migrantes. Un negocio redondo.
Según el expediente judicial operaba una casa de resguardo donde, en septiembre de 2019, agentes encontraron 26 kilogramos de metanfetamina escondidos en una maleta y una mochila.
La casa de resguardo además contenía 20 rifles tipo AK-47 y dos calibre .50 comprados por 66 mil dólares en agosto de 2023. Ese arsenal fue recogido en una gasolinera del oeste de Texas por dos coacusados que llegaron por separado.
La investigación duró varios años y, finalmente, en enero de 2025, agentes de Estados Unidos interceptaron llamadas de Luis Carlos Dávalos López –coacusado junto con María del Rosario Navarro–, en las que hablaba de un túnel que existía entre Ciudad Juárez y El Paso.
Discutía cuántos migrantes cruzaban por ahí y cuánto se les cobraba por usarlo. Según la acusación del 16 de mayo de ese año radicada en Washington, ambos serían cómplices. Además de un tercer coacusado, Gustavo Castro Medina, en el tráfico de migrantes y drogas a Estados Unidos a través de ese canal, según el Departamento de Justicia.
Navarro Sánchez se declaró culpable el 27 de agosto de 2026 de cuatro cargos, entre ellos conspiración para dar apoyo material a una organización extranjera designada como terrorista. Dávalos López hizo lo mismo el 4 de septiembre, hace apenas una semana, aunque sólo por el cargo de conspiración para llevar migrantes a Estados Unidos.
Ese mismo día, el agente especial de la oficina del FBI en El Paso, Coult W. Markovsky, expresó que tanto Dávalos López como sus cómplices pensaron que podían explotar la frontera sur estadunidense usando “un túnel secreto construido por la organización terrorista extranjera”: el CJNG.
Un elevador bajo la tienda de descuento
En diciembre de 2025, investigadores del Grupo de Trabajo de Túneles del Departamento de Seguridad Nacional empezaron a vigilar una tienda llamada Buy 4 Less, en el 2498 de Roll Drive, en San Diego, a unos metros del cruce fronterizo de Otay Mesa.
Les parecía que había poco tráfico de clientes para tratarse de una tienda minorista, y un grupo de siete u ocho “empleados” entraba y salía cargando maletas que parecían vacías. Algunas las metían en vehículos. Otras las cruzaban caminando hacia México.
El 29 de mayo de 2026, los agentes vieron a un hombre cargar tres bultos pesados y llevarlos a una camioneta blanca. Esta salió de Buy 4 Less y se estacionó cerca de un taller mecánico en la avenida Coolidge. Ahí una persona en bicicleta hacía vigilancia, mirando hacia los autos estacionados.
Dejó la bici y de reversa metió la camioneta al taller, que estacionó junto a otra camioneta que tenía las puertas traseras abiertas. Un camión tipo plataforma llegó después. Los agentes vieron cómo sacaban tres congeladores de la primera camioneta, los subían al camión y los llenaron de paquetes.
El camión salió del taller, se estacionó a poca distancia, el hombre de la bicicleta bajó, dejó las llaves debajo del vehículo y se fue en su bicicleta. Otro hombre las recogió y manejó el camión. El Departamento del Sheriff del Condado de San Diego lo detuvo poco después, luego de que un perro entrenado detectara la presencia de sustancias controladas.
Lo mismo pasó con un segundo camión que salió de la tienda cargado de cajas, y con la segunda camioneta blanca que seguía estacionada en el taller. En total, entre los tres vehículos, los agentes encontraron 851 paquetes con cocaína.
Un juez firmó una orden de cateo esa misma noche. Dentro de Buy 4 Less bajo el piso de un cuarto de almacén, los agentes encontraron la salida de un túnel al que se accedía mediante un elevador hidráulico.
Bajaba algunos metros y se extendía más de 300 metros desde la tienda hasta la línea fronteriza, y los agentes calcularon que continuaba unos 250 metros más del lado mexicano. El pasadizo tenía electricidad, ventilación, y en algunos tramos, apenas alcanzaba 1.30 metros de altura. Incluso encontraron un carrito sobre rieles.
Cuatro personas fueron arrestadas ese día: Gregorio Epifanio Hernández López y Jose Jiménez, ambos de San Diego, y Brandon Escalante Sandoval y Antonio Cortez, de México.
En los interrogatorios posteriores a la lectura de sus derechos, Cortez admitió que sospechaba estar haciendo algo indebido, pues había tocado los paquetes y creyó que contenían cocaína. Hernández por su parte dijo que llevaba apenas un mes trabajando en la tienda y negó saber de la droga, aunque los propios agentes habían identificado que se encontraba ahí desde enero de ese año.
El Departamento de Justicia diría después que la investigación y el decomiso representaban un golpe significativo al CJNG.
Los cuatro individuos enfrentan cargos que incluyen conspiración para usar un túnel transfronterizo, por importar cocaína y por distribuirla. Hernández López permanece detenido sin derecho a fianza desde el 3 de junio.
fact checking: JRH
RM