Durante la primera semana de octubre Graciela Domínguez Nava, gobernadora de Sinaloa, encabezó la Mesa de Justicia y Seguridad para las mujeres en Escuinapa en miras de atender el aumento de feminicidios reportados en los últimos meses en el sur del estado. Las promesas fueron acciones que fortalecieran la atención, el acompañamiento, la justicia y la reparación del daño a las víctimas de violencia. Menos de 24 horas después de dicho evento, Lucero de 40 años de edad murió acribillada mientras trabajaba en un puesto de tacos en el centro del mismo municipio.
Pese al discurso de las autoridades, las cifras hablan. De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) los feminicidios en Sinaloa han tenido un aumento del 148.7%: pasó de 39 casos de enero a septiembre de 2025 a 97 en el mismo periodo de tiempo en 2026.
Aunque el corte de dicha base de datos es hasta septiembre, la crisis no se ha detenido. De acuerdo con un conteo realizado por Noroeste, hasta el pasado 19 de octubre sumaban 15 feminicidios registrados en lo que va del mes en Sinaloa...y contando.
El problema no es menor. La violencia de género en el estado ha quedado atrapada en medio del conflicto que estalló desde septiembre de 2024 entre las dos facciones más grandes del Cártel de Sinaloa: Los Chapitos y Los Mayos. Ante dicho panorama, los recursos y la atención tanto del gobierno estatal como del federal se ha focalizado en atender la disputa, dejando en plena vulnerabilidad a las mujeres del estado que también han resentido la violencia.
La crisis olvidada
La reciente ola de feminicidios que azota Sinaloa ha vuelto a poner en la mira la violencia de género en el estado, no obstante y aunque el problema no es nuevo, el estallido de la guerra intestina del también llamado Cártel del Pacífico lo ha agravado.
"El tema de la violencia contra las mujeres está completamente rebasado, completamente descuidado, no hay estrategias, ya no se preocupan en que si una mujer denuncia, darle seguimiento a esas denuncias", explicó Yesenia Rojo Carrizoza, presidenta del colectivo Guerreros Azules, en entrevista con MILENIO.
La urgencia recae en la atención que autoridades estatales han brindado a los casos que se han registrado y que, de acuerdo con las propias estadísticas, van en aumento. Si bien antes a las denuncias presentadas por las mujeres se les daba seguimiento, el aumento de la carga de trabajo para la Fiscalía General del Estado (FGE) motivado por la pugna entre Los Chapitos y Los Mayos, ha dejado la atención a la violencia de género en el olvido.
En ese mismo panorama, las víctimas han desistido de denunciar. La confianza para realizarlo se ha esfumado tanto por la misma inseguridad que permea el estado como por la vulnerabilidad en la que quedan las mujeres después de realizarlo.
“Cualquier mujer sabe que que el denunciar no la va a salvar, al contrario, la va a poner más en riesgo porque si va y denuncia al agresor, no lo van a detener y lo único que va que va a conseguir es que el agresor se moleste más y la ponga más en riesgo, porque matar a una mujer ahorita en Sinaloa es lo más fácil del mundo, lo más fácil del mundo. No pasa nada, es una más”, apuntó la activista Yesenia Rojo Carrizoza.
En palabras de la presidenta del colectivo Guerreros Azules, los casos de violencia de género en Sinaloa no se están atendiendo a menos que las mujeres presenten lesiones al momento de denunciar o que las mismas víctimas justifiquen su solicitud de imposición de medidas cautelares para su agresor, una omisión que refleja la falta de acciones de prevención en el estado.
Si bien desde los gobiernos municipales y el estatal con frecuencia encabezan Mesas de Seguridad para atender la crisis de violencia de género, los esfuerzos en la materia se han centrado en dos ejes: proporcionar albergue a las mujeres violentadas y la implementación de alertas de género en determinados municipios.
"Las alertas de violencia de género era un mecanismo que se había diseñado desde el Gobierno Federal para atender la violencia feminicida, la violencia de género [...] se suponía que había un consejo, un comité que revisaba lo que estaba sucediendo, un diagnóstico, se decretaba la alerta y había medidas que los gobiernos municipales tenían que llevar a cabo pero la verdad es que esas alertas de violencia de género, al menos en Culiacán, no operaban de forma eficiente, no lograron reducir la violencia contra las mujeres", explicó a MILENIO la activista Priscila Salas, vocera de la colectiva feminista No Se Metan Con Nuestras Hijas.
La Secretaría de las Mujeres de Sinaloa refiere que, con base en dichas alertas de género, se han instalado grupos de trabajo en Ahome, Culiacán, Guasave, Mazatlán y Navolato. Pese a ello, los esfuerzos han resultado insuficientes y se han visto rebasados por el mismo dinamismo del conflicto que se libra en el estado.
Terreno fértil para la revictimización
En las últimas semanas, los feminicidios y los asesinatos de mujeres se han concentrado en el sur de Sinaloa: Escuinapa, Mazatlán, Concordia y Rosario. El fenómeno también corresponde a la dinámica que ha tenido el conflicto que libran las dos facciones del Cártel de Sinaloa que, si bien iniciaron su disputa en Culiacán, a lo largo de dos años la han extendido a otros municipios del estado, incluyendo los del sur.
El contexto de la región ha dejado un terreno fértil para la revictimización en los casos de violencia contra las mujeres pues, en lugar de ser investigados y atendidos desde la particularidad que ameritan, son generalizados y justificados por la misma guerra que sostienen Los Chapitos y Los Mayos en el estado.
"Para la fiscalía es más fácil decir 'pues estamos viviendo una guerra y es parte de la guerra que haya tantas mujeres asesinadas' [...] anteriormente el sistema estaba igual, la atención contra la violencia para las mujeres era igual de ineficaz, ahora la única diferencia es que se rebasó el problema y con mayor naturalidad las fiscalía se acostumbraron a que no se va a atender el tema porque aunque quisieran, no pueden", apuntó Yesenia Rojo Carrizoza.
Priscila Salas coincide con dicha premisa. En entrevista con MILENIO, la activista asegura que funcionarios de la fiscalía han recurrido a realizar declaraciones estigmatizantes y revictimizantes para evitar atender los casos con perspectiva de género y sin una investigación pertinente. Asimismo, apunta que los niveles de impunidad alcanzan a otras problemáticas como, por ejemplo, la violencia familiar, que también tiende a estar relacionada con los feminicidios.
Es entonces como las diligencias han estado más encaminadas a tipificar los asesinatos de mujeres como homicidios dolosos en lugar de feminicidios al no contar con los recursos ni la voluntad necesaria para realizar las pesquisas correspondientes.
La explicación que ambas activistas le encuentran a la ineficacia para atender la crisis de violencia de género en Sinaloa recae en la falta de experiencia que tienen los perfiles que han asumido las instituciones encargadas de resolverlo, tal es el caso de la Secretaría de Mujeres.
"Existe mucha impunidad y órganos de procuración de justicia, de investigación como la fiscalía, pues están súper rebasados. Sin embargo, tampoco el poder ejecutivo o el legislativo han hecho algo para fortalecer a estos órganos y que haya una mejor procuración de justicia", opinó la activista Priscila Salas.
La colectividad frente al abandono institucional
Ante alertas de género ineficientes y acciones por parte de los gobiernos estatales y municipales que se quedan en pláticas y talleres que no impactan de forma estructural en el problema, las mujeres en Sinaloa han recurrido a la colectividad.
Tejer redes de apoyo, grupos de WhatsApp en colonias, evitar salir solas o de noche y mantener una comunicación constante son parte de las medidas a las que han recurrido para protegerse. Aunque precisan que dichas consideraciones son acatadas por el resto de la población civil tras el estallido de la guerra intestina del Cártel de Sinaloa, dicho contexto sumado a la violencia de género hacen de las acciones una clave para su supervivencia.
"Tratamos pues de circular lo menos que se pueda, de estar en nuestras casas, de no salir de noche, de ser precavidas en los retenes. No hay una medida especial para nosotras, hacemos lo mismo que hacen todas las mujeres en Sinaloa y nos encomendamos pues a Dios y María Santísima ¿no?", explicó a MILENIO la vocera de la colectiva No Se Metan con Nuestras Hijas.
Para Yesenia Rojo Carrizoza las autoridades estatales se jactan de atender los casos de violencia de género a través de fotografías en eventos, publicaciones en sus canales oficiales de comunicación y una reparación del daño simbólica. Por ejemplo, para las y los hijos de las víctimas de feminicidio, el gobierno estatal da becas que oscilan entre los 2 mil y los 3 mil pesos.
"Lo presumen como un logro pero los hijos no ocupan que les des una beca, ocupan que no les maten a sus mamás", concluyó la activista.
ATJ