• Falsos periodistas cruzaron Centroamérica en convoy con nueve millones de dólares

Seis camionetas fueron interceptadas en Nicaragua. Transportaban 9.2 millones de dólares y rastros de cocaína: una red que cruzaba Centroamérica haciéndose pasar por periodistas.

Ciudad de México /

DOMINGA.– Al norte de Nicaragua, muy cerca del cruce fronterizo con Honduras, en la oficina de inteligencia del departamento de Nueva Segovia el calor bochornoso tenía medio atolondrados a los policías, que para las nueve de la noche de ese domingo 19 de agosto de 2012 ya estaban hartos. Cuando el número de denuncias 118 empezó a repiquetear el teléfono.

El oficial identificado en expedientes oficiales como Código 1 contestó y después de unos segundos en silencio el hombre que estaba al otro lado de la línea le confesó: “Tengo una información muy valiosa, no te puedo dar mi nombre ni mi número de celular por seguridad de mi familia”.

El policía le dijo que no importaba, que dijera lo que sabía. Así que el hombre, aún con misterio, le dijo que tal vez no le creería en ese momento la información que le iba a dar pero que, si rascaba, iba a encontrar la verdad. Le contó que ese mismo día a las siete de la noche fue testigo de una reunión en el Hotel Real Presidente Inter Continental de Tegucigalpa.

La actitud del grupo de mexicanos encendió las alertas de las autoridades | Reuters


A la reunión asistió un grupo de 20 hombres con acento mexicano que estaban acordando con otras personas obtener información del Gobierno de Nicaragua para poder utilizarla a su favor en caso de necesitar salir de un problema.

La pista más grande que le dio fue que este grupo de mexicanos se movilizaba en camionetas tipo vans de color blanco con un emblema de color rojo, el rótulo de una televisora mexicana y un estampado de su viejo logo. Ese icónico que apareció durante décadas, diseñado en 1973 por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, que representa un ojo humano viendo a través de una televisión.

El informante entonces colgó. Intrigado por la llamada y por las referencias tan identificables, el oficial Código 1 informó a su comisionado que iba a verificar la información con unas fuentes que tenía en la frontera. El 20 de agosto, un día después, su jefe los movilizó alarmado. A pesar de que el policía no sabía de qué se trataba con certeza, fue comisionado junto con un grupo de 11 compañeros comandados por el Jefe de la delegación departamental de Nueva Segovia a trasladarse en ese momento al puerto fronterizo Las Manos, una aduana terrestre clave situada entre ambos países.

Los agentes policiacos interceptaron a la caravana de supuestos periodistas | AFP


Una vez en la frontera, a eso de las diez de la mañana, el equipo de oficiales observó los vehículos con un emblema en color rojo. Eran idénticos a la descripción que el informante del 19 de agosto les había dado. Ya habían logrado cruzar el área primaria de las instalaciones de Migración y Extranjería con dirección norte a Managua, ya en territorio nicaragüense, cuando los policías los interceptaron. Los hombres detuvieron con tranquilidad unas seis camionetas y empezaron a responder las preguntas insistentes de los policías, quienes querían saber quiénes eran, cómo se llamaban y qué venían a hacer al país.

Eran 18 personas en total y sólo una mujer bastante joven. Todos contestaban prácticamente calcado, como si hubieran ensayado y cronometrado cada respuesta: “Ingresamos al país para realizar investigaciones y la búsqueda de información de instituciones del estado de Nicaragua. Estamos autorizados por una televisora”. Sin embargo cuando los agentes pidieron que les enseñaran algún permiso de la autoridad para estar realizando reportajes en el país, las 18 personas les dijeron que revisaran sus cámaras y equipos de grabación para corroborar que sí trabajaban para la empresa. Y sí, en efecto traían los logos por todos lados.

Los policías recuerdan que quien llevaba la voz cantante aquel día era una mujer que dijo se llamaba Raquel Alatorre Correa, que era periodista, reportera, presentadora y jefa de Información en la televisora. Ella encabezaba la caravana y estaba ahí para realizar búsqueda de información sobre el turismo nicaragüense.

La 'narcocaravana' estaba encabezada por Raquel Alatorre Correa | Reuters


Pero no eran empleados de la televisora. Era una red de narcotraficantes que se hacían pasar por periodistas para trasladar grandes cantidades de cocaína desde Costa Rica hacia México. En las seis camionetas con logotipos de la empresa mexicana, la policía nicaragüense encontraría 9.2 millones de dólares ocultos en compartimientos secretos, junto con rastros de droga.

Raquel Alatorre Correa disfrazaba sus actividades ilícitas produciendo credenciales apócrifas y adquiriendo camionetas que luego registraba con documentos falsos.

Lo que el oficial Código 1 no sabía en ese momento, mientras observaba las vans blancas cruzar la frontera bajo el calor bochornoso de agosto, es que acababa de interceptar una de las operaciones de lavado de dinero más audaces en la historia del narcotráfico centroamericano.

Esta es una colaboración de ARCHIVERO para MILENIO, que reconstruye esta historia gracias a la localización de expedientes de amparo olvidados entre cajones y viejas oficinas públicas. Casos como este revelan que en México la verdad oficial siempre está en obra negra.

Nueve millones de dólares en compartimentos ocultos

La televisora fue cuestionada sobre los falsos periodistas verdaderamente trabajan en la empresa | AFP


Aquel día la policía no se quedó conforme, así que revisó cada centímetro de las camionetas. A Raquel Alatorre Correa le encontraron 56 mil pesos mexicanos y casi seis mil dólares. Así que la policía nicaragüense decidió trasladarlos hasta un hotel en Managua, de donde les prohibieron salir. Les informaron que como no les creían iban a realizar investigaciones. La idea de los policías en ese momento era constatar con la embajada si realmente eran empleados de la mega televisora.

Mientras ellos pasaban sus días encerrados en el hotel, con la certeza de que la policía estaba muy cerca de descubrir la verdad, Alatorre Correa intentaba tranquilizar a sus compañeros diciéndoles que debían contestar a cada pregunta. Sin embargo el 22 de agosto finalmente la embajada de México contestó:

“Se verifica que las 18 personas sobre las que se le consultó, y que son los acusados, no son empleados de Televisa”.

Al recibir esta información la policía decidió revisar con minuciosidad otra vez las camionetas. Ahí localizaron 16 radios de comunicación de la marca Kenwood que se conectaban a los equipos de las camionetas, también encontraron dos cámaras profesionales de grabación con micrófonos de grabación ambiental. Aunque lo más grande vendría después. En tres de las seis vans encontraron compartimentos ocultos debajo de la consola de control de equipos de comunicaciones.

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Encontraron 23 bolsos, que al abrirlos, contenían en su interior 258 paquetes de dólares estadounidenses con denominaciones de billetes de 20, 10 y cinco. En total fueron sacados de la caleta móvil nueve millones de dólares.

Seis de los 18 acusados eran quienes iban a bordo de las camionetas que llevaban el dinero oculto en los compartimientos de los equipos de comunicación, mientras que los demás cumplían la función de presentar fachada de ser parte de un convoy de la televisora. Al mismo tiempo realizaban la función de supervisión, traslado y custodia del dinero que trasladaban oculto en la caravana de vehículos.

Pero todo se pondría aún peor porque las autoridades nicaragüenses decidieron que tanto al dinero como a los acusados se les practicara la prueba de Scintrex Trace 2200, que determina si hay partículas de sustancias narcóticas. Los resultados del oficial especialista de la escena del crimen salieron casi de manera inmediata: positivos a cocaína.

El día 24 de agosto del año 2012 a las seis de la tarde con 56 minutos, se presentó la acusación en contra de las 18 personas por hechos calificados por el Ministerio Público provisionalmente como Lavado de Dinero y Crimen Organizado.

El sistema de navegación digital de las camionetas

Las investigaciones expusieron que esa no era la primera vez que cruzaban las vans por Centroamérica | AFP


Intentando reconstruir cuánto tiempo y cuáles habían sido las rutas de las falsas camionetas de televisión, las autoridades lograron que el oficial de la Dirección de Investigaciones Económicas de la policía, un analista de información veterano con 23 años de experiencia, pudiera entender qué había estado pasando realmente.

Entre los años de 2008 y el 2012, los mexicanos utilizaron al menos 18 placas vehiculares distintas para ingresar y salir del territorio. La mayoría de los acusados ingresó a Nicaragua entre 28 y 44 ocasiones. Es decir que a diferencia de lo que pensaban el día de la detención, no fue la primera vez que habían ingresado al país.

Sin embargo, gracias a un especialista en levantamiento topográfico con GPS, entendieron que no se trataba simplemente de una red que trasladaba dinero a su país, sino que abarcaba más lugares en América Latina y que desde inicios de año el destino final siempre era Costa Rica. Las vans tenían el sistema de navegación satelital marca Kenwood, y eso los llevó a la ruina.

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Se desplazaban hasta llegar a la frontera de Las Manos, entre Nicaragua y Honduras. Ahí se señaló que fue el 7 de febrero de 2012. De ahí partían hacia Costa Rica, llegaban a la ciudad de Aserrí el 11 de febrero del 2012, ese fue el punto de destino de esa camioneta en esa fecha. Se estableció también el retorno.

Es decir que los 18 acusados trasladaron cocaína en grandes cantidades procedentes de Costa Rica con destino a México, por la ruta terrestre de Peñas Blancas, Rivas, Granada, Masaya, Managua, Sébaco, Estelí, Nueva Segovia, puesto fronterizo de Las Manos, y en algunas ocasiones por el puesto fronterizo de El Espino, en el departamento nicaragüense de Madriz.

Gracias a esto también supieron que el 9 de junio, ingresando por Peñas Blancas procedentes de Costa Rica y saliendo el 19 del mismo mes por El Espino hacia Honduras, se había realizado el último transporte de drogas. En total habrían transportado 9 millones 255 mil 631 dólares producto del narcotráfico.

El 14 de enero de 2013, el Juez Noveno de Distrito de lo Penal de Juicios de Managua los condenó por los delitos de transporte internacional de estupefacientes, psicotrópicos y otras sustancias controladas, lavado de dinero y crimen organizado a pasar entre 16 y 30 años en prisión.

El grupo criminal Los Charros, vinculado a La Familia Michoacana

Los acusados buscan la conclusión de su proceso judicial | AP


La televisora negó cualquier relación con los detenidos. Muchos años después, en un amparo que interpusieron los acusados, el Ministerio Público reveló algo que había permanecido oculto. La historia no se reducía al cruce fronterizo de Las Manos aquel domingo de agosto. Había alcanzado México y comenzó con otra llamada telefónica que terminó en el año 2014. Una persona del sexo masculino llamó a la Unidad Especializada en Investigación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita. Dijo que había pertenecido a La Familia Michoacana y a Los Caballeros Templarios, organizaciones que se dedicaban al narcotráfico, secuestro y extorsión.

El hombre explicó que existía un grupo llamado Los Charros, vinculado a La Familia Michoacana, que se dedicaba al tráfico de dinero proveniente de la venta de drogas en Michoacán y otras regiones del país. Recolectaban el dinero y físicamente lo trasladaban a distintos países en Centroamérica para pagar las deudas con grupos colombianos por la compra de cocaína.

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Dijo que utilizaban vehículos rotulados con los logotipos de las principales televisoras del país. Vestían ropas alusivas, portaban identificaciones falsas que los acreditaban como reporteros. Los vehículos estaban acondicionados como unidades de control remoto, con consolas, micrófonos, antenas. Dentro de los mismos escondían el dinero para cruzar las fronteras centroamericanas sin revisión exhaustiva.

Los 18 condenados cumplen hoy sus sentencias en cárceles mexicanas y quieren salir en libertad.

GSC/ATJ

  • Laura Sánchez Ley
  • Es periodista independiente que escribe sobre archivos y expedientes clasificados. Autora del libro Aburto. Testimonios desde Almoloya, el infierno de hielo (Penguin Random House, 2022).

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