• Méndez Estrada, el medallista olímpico de Apatzingán que acabó preso por secuestro

  • Nació en Tierra Caliente, cuna de narcos, y se abrió camino a trompadas hasta ser un deportista consumado. Pero las ansías de dinero, fama y respeto que le ofrecía el crimen organizado terminaron por cooptarlo.
Ciudad de México /
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DOMINGA.- En junio de 2012, México vio el nacimiento de una estrella en el deporte nacional. El boxeador amateur Marcos Méndez Estrada, de entonces veintiún años, había ganado con soltura la medalla de oro en la Olimpiada Nacional. Quienes lo vieron pelear, como el entrenador Josué Garrido, ‘El Garras’, lo recuerdan como un tanque de guerra que arrollaba a sus enemigos en el ring.

Su último oponente, el jalisciense Antonio Mercado, sufrió cada minuto en el encordado. Méndez Estrada avanzaba lento, pensando en cada paso, mientras soltaba trompadas como si sus brazos fueran resortes. La combinación de pies calmados y puños veloces resultaba confusa para sus contrincantes, quienes para el segundo round quedaban perdidos: una ceja abierta, una nariz rota, un pómulo inflamado era la evidencia de que te habías fajado contra el llamado “mejor boxeador de Michoacán” y perderías por decisión técnica o nocaut.

Lo llamaban el “mejor boxeador de Michoacán” y lo veían como futuro olímpico. El crimen organizado terminó desviando su camino | Especial

“Marcos Mendez Estrada pudo ser tan grande como ‘El Canelo’ Álvarez, te lo digo en serio”, me cuenta ‘El Garras’ mientras observa de reojo a sus alumnos de boxeo en un bajopuente de la Ciudad de México. “Peleaba encabronado, como si trajera al demonio encima… aunque ahora que lo pienso tal vez sí tenía al diablo metido y por eso está donde está”.

Aquella tarde gloriosa lo colocó en el mapa del deporte nacional. ‘El Garras’ y otros expertos del pugilismo lo candidatearon para ser la siguiente estrella mexicana en los Juegos Olímpicos de 2016 que se celebrarían en Río de Janeiro, Brasil. Lo imaginaron en el pódium, con una medalla dorada colgando del cuello, con el himno nacional de fondo. Su nombre se inscribiría en el muro de los inmortales junto a ídolos del ring, como Juan Manuel Márquez o Ricardo ‘El Finito’ López.

Fue tanta la emoción por ver al único boxeador de la delegación de Michoacán subir al pódium de triunfadores que los cronistas deportivos también pensaron en Méndez Estrada como un futuro niño héroe con una trayectoria personal épica: el joven que nació en 1991 en Apatzingán, Michoacán, en la violenta región de Tierra Caliente, cuna de narcotraficantes y cárteles como La Familia Michoacana, y se abrió camino a trompadas hasta ser un deportista consumado y joven ejemplar.

Pero ninguno de esos sueños se lograron. Al contrario, Méndez Estrada fue una estrella pero fugaz. “Se lo devoró el origen. Hay gente que sale del barrio, pero el barrio no sale de él”, diagnostica ‘El Garras’, que sabe bien lo que significa perder a un pugilista brillante ante el crimen organizado: dos de sus mejores alumnos han sido asesinados por disputas relacionadas con el tráfico de drogas.

En 2012, su oro nacional lo puso rumbo a los Juegos Olímpicos. Marcos Méndez Estrada nunca llegó a Río y terminó lejos del ring | Especial

Pero Méndez Estrada, la promesa rota del boxeo nacional, es el único que ha terminado preso. Hoy, en lugar de un escaño en la historia, tiene una celda en una prisión de máxima seguridad.

Un secuestro en Guanajuato

Esta es la historia contada en la causa penal 1P4222-36 que está en los archiveros del Juzgado de oralidad penal de Valle de Santiago, Guanajuato. Sucedió el 3 de marzo de 2022, una década después del triunfo de Méndez Estrada en el ring:

Aquel sábado, aproximadamente a las 6:40 de la mañana, viajaban Jesús M. y su hija Verónica, de entonces diecisiete años, por León. Los dos aprovecharon el poco tráfico local para que el padre enseñara a la joven cómo manejar. Circulaban lento en una camioneta Nissan Kicks por el Boulevard Santa Ana del Conde y poco antes de llegar a la carretera federal 45 se detuvieron en el acotamiento para que cambiaran de asientos y Jesús Manriquez condujera el resto del camino.

Estaban por abrocharse los cinturones, cuando les cerró el paso una Chrysler SUV. Del lado del copiloto bajó un hombre armado; de la puerta trasera, otro con una pistola calibre de nueve milímetros. Ambos actuaron tan rápido que el padre apenas pudo moverse: sacaron a Verónica de la camioneta familiar y la metieron a empujones al otro vehículo. Cuando Jesús quiso reaccionar ya era muy tarde: estaba esposado al volante. Sólo pudo ver como esos hombres armados huían con su hija y que un vehículo Audi blanco, con placas de Michoacán, les servía como escolta.

Marcos Méndez Estrada pasó de promesa del boxeo a ser señalado en un secuestro en Guanajuato. La víctima fue rescatada horas después | Especial

El rostro del conductor jamás lo podrá olvidar: era Marcos Méndez Estrada, propietario del auto de lujo.

Los tres secuestradores llevaron a Valentina a una bodega a unos kilómetros de donde ocurrió el rapto. Horas más tarde llegaron tres jóvenes para hacer labores de vigilancia y una mujer que llevaba alimentos recién cocinados para la banda y para la víctima. Durante el cautiverio de Valeria, Jesús negoció por teléfono con un secuestrador que se presentó como ‘Homero’, quien usó tres números distintos –que le proporcionaba el secuestrador – para exigir un impagable rescate: siete millones de pesos. La cifra era producto de las sumas y restas de Méndez Estrada.

Para la fortuna de Valeria, el secuestro duró sólo unas horas. La denuncia activó a los policías municipales de León, quienes con ayuda de las cámaras de vigilancia reconstruyeron el recorrido de los criminales. En unas horas ubicaron la bodega y entraron con la autorización de un juez conseguida de manera exprés; detuvieron a seis personas, entre ellos, a Carmen, la cocinera, y a ‘Homero’, quien guardaba varios ‘chips’ de celular en el bolsillo y había destruido otros que estaban en el bote de basura del baño.

Cuando rescataron a Valeria, una duda quedó en el aire: ¿dónde estaba el conductor del Audi blanco que sirvió de escolta a los secuestradores?

El box no produce hombres violentos pero sí los moldea

Apatzingán, como muchos otros municipios del país, carga con el estigma del narcotráfico. Un pueblo conocido por el dominio que ejercen grupos criminales, como Los Viagras, la extorsión a los limoneros o ser el lugar de nacimiento de capos, como Nazario Moreno González, El Más Loco, fundador de Los Caballeros Templarios.

Pero lo que mucha gente no sabe es que, como Tepito o Ciudad Obregón, Apatzingán es más que un territorio bravo: es un semillero de grandes deportistas, especialmente boxeadores. Ahí nació, por ejemplo, Ricardo Arredondo Garibay, campeón mundial superpluma entre 1971 y 1974, y Javier ‘El Implacable’ Prieto, quien disputó en Tokio el campeonato mundial ligero contra el venezolano Jorge Linares. También tienen sangre apatzinguense los seleccionados Ángel Sepúlveda, ídolo de las Chivas del Guadalajara, y Emilio Mora, goleador del Cruz Azul. Y Carlos Ochoa, quien llegó a jugar en el Osasuna de España, y Alexéi Domínguez, estrella joven de Los Tuzos del Pachuca. Incluso, el municipio es terruño de grandes basquetbolistas, como Luis ‘La Macha’ Martínez, quien llegó a jugar con Los Angeles Lakers y cuyo nombre adorna el auditorio del principal deportivo local.

‘La Garra’ nació a pocos kilómetros de ahí, en Buenavista Tomatlán, también en Tierra Caliente. Y así como ha visto a grandes boxeadores locales llenarse de gloria, como el excampeón mundial René Arredondo, también los ha visto devorados por el crimen organizado, que promete lo mismo que el deporte profesional, pero sin esfuerzo y en menor tiempo: dinero, fama y respeto en el pueblo.

El boxeo enseña fuerza y resistencia, cualidades que en Tierra Caliente también pueden llamar la atención del crimen organizado | Especial
“El crimen jala mucho en esa zona. Ven a alguien bueno para los madrazos y de inmediato lo buscan, le tiran dinero, le prometen el cielo y las estrellas. Y uno como entrenador, ¿cómo compite con los millones de los narcotraficantes? Apenas te alcanza para comer. El único que podría hacer algo, adelantarse, es el gobierno, pero son la misma chingadera”, dice ‘La Garra’, quien dejó Tierra Caliente hace dos décadas, cuando la “guerra contra el narco” empezó en Michoacán y los gimnasios se volvieron centros de distribución de drogas sintéticas.

Sus palabras me hacen recordar al famoso sociólogo Edwin Sutherland, autor del libro Principios de la Criminología (1947), quien planteaba que el comportamiento criminal se aprende mediante la interacción con otras personas, especialmente en grupos íntimos, como las calles del barrio o el salón en la escuela. No sólo se aprenden técnicas para delinquir, sino lo más importante: las justificaciones y valores que se le atribuyen al crimen.

Imitación, recompensa, impunidad y refuerzo social. Eso es lo que desvía a un joven deportista hacia el crimen organizado: admirar a alguien por tener un vehículo de lujo aunque sea producto de una fortuna manchada de sangre, reproducir su actividad criminal y obtener una gratificación –como dinero en efectivo para comprar un auto nuevo–, no ser castigado y luego obtener prestigio por romper la ley.

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La criminóloga Deborah Jump es autora del libro The Criminology of Boxing, Violence and Desistance (2020) y ahí explica que el boxeo no produce hombres violentos, pero sí moldea a quienes lo practican y están en situaciones de riesgo, como vivir en un municipio con alta presencia criminal. Mientras muchos activistas usan el boxeo como una herramienta para alejar a jóvenes del delito, el mismo deporte construye identidades masculinas asociadas a la fuerza, la resistencia al dolor y la habilidad para maximizar el sufrimiento ajeno.

[Los criminales] se fijan mucho en los boxeadores, en los futbolistas, por su fuerza física. Y primero les dan camionetas, casas, y luego los obligan a madrear a los que no pagan piso, a los secuestrados, hasta de sicarios”, resume el entrenador y me pide con la mirada que me fije en un chico delgado y fibroso que le pega al costal de box como si lo odiara, intentando romper las costuras con sus puños. “Si fueras narco, ¿a poco no te fijabas en él?”.

Intento imaginar a Marcos Méndez Estrada y el momento exacto en que sonó la campana y decidió colgar los guantes para empezar una carrera criminal. El ring vacío y él despidiéndose de su futuro olímpico.

Vincularon a Méndez Estrada a un bastión de Los Viagras

Este es el resto del parte policiaco, de acuerdo con la carpeta de investigación 23681/2022 que está en poder de la Fiscalía Especializada en Delitos de Alto Impacto, unidad especializada en secuestro, de Guanajuato:

Las investigaciones posteriores revelaron una mayor implicación del joven boxeador: la bodega que servía como casa de seguridad había sido rentada por Méndez Estrada a su tía Yahaira tras pagarle quince mil pesos. Los investigadores del caso creen que el plan original contemplaba un largo cautiverio para que los siete millones exigidos fueran sólo el primer pago de varios a cambio de la vida de la joven.

Los seis detenidos no tardaron en ubicar a Méndez Estrada como el líder de la banda. Uno de ellos, incluso, lo vinculó a un grupo criminal cuyo bastión está en Apatzingán y que fue designado por el gobierno de Estados Unidos como una organización narcoterrorista extranjera: Los Viagras, que actualmente mantienen en la región una alianza con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Esa acusación, hasta el momento, no ha sido comprobada.

Méndez Estrada, entonces promesa olímpica del boxeo mexicano, terminó vinculado a un secuestro y preso por secuestro agravado | Especial

Ese cártel, el de las cuatro letras, habría ayudado a que en 2002 uno de los suyos, Roldán Álvarez Ayala, se convirtiera en alcalde de Apatzingán, bajo la fachada de ser un activista a favor de las juventudes y promotor del deporte. Aquel político perredista, muchos años después, solía mencionar a Méndez Estrada como el ejemplo que debía seguir la niñez apatzinguense.

Tras las acusaciones de sus cómplices, la fiscalía estatal giró una orden de aprehensión contra el boxeador por secuestro agravado. Veintidós meses después del crimen, en enero de 2024, Méndez Estrada fue detenido gracias a la intervención de sus celulares y el uso de sus tarjetas bancarias. Un juez le dictó prisión preventiva oficiosa y finalmente su juicio comenzó el 21 de octubre de 2025.

Hasta ahora, Méndez Estrada busca su libertad argumentando su inocencia. Una fabricación de la fiscalía, repite en los juzgados. Pero su entorno dice lo contrario: ‘El Garras’ cree que tal vez sea que el oficio está maldito, pero la expromesa del ring mexicano tiene inscrito su nombre en otra categoría de la historia deportiva, una que conecta a Mike Tyson con Julio César Chávez y a Carlos Monzón con Floyd Mayweather Jr.: los boxeadores que, pese a su talento, tienen problemas con la ley.


GSC/ASG


  • Óscar Balderas
  • Oscar Balderas es reportero en seguridad pública y crimen organizado. Escribe de cárteles, drogas, prisiones y justicia. Coapeño de nacimiento, pero benitojuarense por adopción.

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