Las habilidades que Manuel Alejandro Aponte Gómez aprendió y desarrolló como teniente de fuerzas especiales en el Ejército Mexicano terminaron, en un abrir y cerrar de ojos, al servicio del Cártel de Sinaloa que encabezaba Joaquín El Chapo Guzmán durante la primera década de los 2000’s.
En el hampa mexicano Aponte Gómez fue mejor conocido como El Bravo, un alias que aludía a la violencia con la que no sólo buscó proteger al cofundador de la organización delictiva sino también a su lucrativo negocio.
Si bien pensar en desertores del Ejército Mexicano que optaron por ponerse al servicio de la delincuencia organizada con frecuencia suele remitir a Los Zetas del Cártel del Golfo, la historia de El Bravo da cuenta de cómo, los grupos del pacífico, también buscaron en la instrucción castrense la oportunidad de fortalecer sus unidades sicariales.
La deserción de El Bravo
Antes de convertirse en El Bravo, Manuel Alejandro Aponte Gómez vio en el Ejército Mexicano una opción para salir adelante. Originario de Chilpancingo, Guerrero, en 1996 se graduó como subteniente de infantería del Heroico Colegio Militar, según da cuenta su hoja de servicios militares consultada por el semanario Ríodoce.
Entre 2001 y 2003, ya con un entrenamiento de fuerzas especiales, Aponte Gómez formó parte de la séptima Compañía de Infantería No Encuadrada (7a C.I.N.E) con sede en Badiraguato. Una de las versiones sugiere que fue entonces cuando se contacto con personas al servicio de Joaquín El Chapo Guzmán.
Aunque posteriormente a su compañía la movieron a San Ignacio en el sur de Sinaloa, los reportes del citado medio local narran que Manuel Alejandro Aponte Gómez estuvo a disposición de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) en la Ciudad de México por un proceso penal abierto en su contra. Aunque no se detalló lo que motivó dicho proceso judicial, trascendió que para inicios de 2004, cuando concluyó su juicio, el soldado no volvió a presentarse en las filas del Ejército Mexicano.
La próxima vez que se sabría de él ya no fue como un teniente de infantería, sino como un escolta del Chapo Guzmán al que apodaron como El Bravo.
El asesinato de Rodolfo Carrillo Fuentes
La presencia de un desertor del Ejército Mexicano en las filas del Cártel de Sinaloa comenzó a llegar no sólo a grupos rivales sino también a fuerzas de seguridad que habían hecho de Joaquín Guzmán Loera un objetivo prioritario tras su fuga del Penal de Puente Grande en 2001.
Poco a poco, la capacidad operativa de El Bravo para proteger a El Chapo lo llevaron a ascender peldaños en el organigrama criminal, no obstante, sería un asesinato de alto perfil el que terminaría con consolidar su trayectoria criminal: el de Rodolfo Carrillo Fuentes, El Niño de Oro.
De acuerdo con el testimonio que Vicente Zambada Niebla, alias El Vicentillo, rindió durante el juicio que El Chapo Guzmán enfrentó en la Corte de Brooklyn en Nueva York, hasta antes del 11 de septiembre de 2004 el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Juárez mantenían una alianza estratégica que les permitía potenciar sus actividades de tráfico de drogas a Estados Unidos.
Pese a dicha relación de negocios, las tensiones entre Rodolfo Carrillo Fuentes y Joaquín Guzmán Loera comenzaron a aumentar luego de que el Niño de Oro intentara hacerse del control de la plaza de Navolato asesinando y delatando ante las autoridades a gente de El Chapo.
Si bien Ismael El Mayo Zambada buscó una conciliación entre ambos líderes, la negativa de Rodolfo Carrillo Fuentes llevó a los cofundadores del Cártel de Sinaloa a ordenar su asesinato. Y lo lograron.
Aquella tarde de septiembre, el Niño de Oro y su esposa fueron acribillados a las afueras de un centro comercial ubicado en Culiacán, Sinaloa. Si bien en el momento los agresores lograron huir de aquella escena, años más tarde informes revelarían que entre los pistoleros que participaron en el asesinato del líder del Cártel de Juárez se encontraba Manuel Alejandro Aponte Gómez.
Los Halcones y la guerra contra el Cártel de Juárez
El asesinato del hermano de Vicente Carrillo Fuentes llevó tanto al Cártel de Juárez como al Cártel de Sinaloa a prepararse para una cruenta disputa que alcanzó su punto más álgido en 2008. Entonces, El Bravo fue una pieza clave.
De acuerdo con reportes de medios de comunicación locales, a Aponte Gómez no sólo se le encomendó la seguridad de Joaquín El Chapo Guzmán sino también el adiestramiento de un grupo de pistoleros que se hicieron llamar Los Halcones.
Reportes de Noroeste refieren que a dicho grupo se le entrenó en el uso de bazukas, morteros, lanzagranadas y diversas armas propias de la infantería, una aportación del Bravo a la unidad sicarial que le permitió al Cártel de Sinaloa hacer frente a otros grupos armados como Los Zetas o La Línea del Cártel de Juárez.
Tras el estallido de dicho conflicto, el rol que desempeñaba Manuel Alejandro Aponte Gómez en la organización delictiva lo llevó a aparecer en una serie de folletos difundidos por la misma Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) en donde se le ubicaba como uno de los 35 pistoleros que operaban al servicio de Joaquín El Chapo Guzmán.
La afinidad que El Bravo le tuvo al cofundador del Cártel de Sinaloa se mantuvo incluso hasta la segunda captura del capo. Reportes de Ríodoce refieren que Aponte Gómez estuvo dispuesto a iniciar una disputa en contra de Los Dámaso ante la posibilidad de que hubieran traicionado a su líder.
Aunque en dicho momento no estalló ningún conflicto, a Manuel Alejandro Aponte Gómez su suerte no le alcanzó para atestiguar la fuga de El Chapo Guzmán del Penal del Altiplano pues, tan solo un mes y medio después de que el cofundador del Cartel de Sinaloa fuera arrestado por segunda ocasión en Mazatlán, el cuerpo de El Bravo fue localizado con visibles huellas de tortura.
De acuerdo con información dada a conocer por el entonces procurador estatal, Marco Antonio Higuera Gómez, Manuel Alejandro Aponte Gómez fue hallado el 8 de abril de 2014 alrededor de las 20:00 horas en un camino de terracería a la altura del pueblo Tanques de Elota.
Fueron las huellas dactilares del cadáver las que confirmaron que se trataba de aquel lugarteniente del Chapo Guzmán que desertó del Ejército Mexicano y que le permitió al Cártel de Sinaloa empoderar a unidades sicariales a través de una violencia que prevalece incluso más de una década después del fallecimiento del Bravo.
ATJ