La que un día se consolidó como la organización narcotraficante más poderosa y peligrosa del mundo ya no existe... al menos no de forma unificada. Fue el 9 de septiembre de 2024 cuando el Cártel de Sinaloa estalló y dejó a su paso diversas facciones esparcidas que, entre alianzas y rupturas, mantienen el estado que se convirtió en su bastión bajo fuego. ¿Las principales? Los Chapitos y Los Mayos.
Haber llegado a ese punto no fue casualidad sino, más bien, el resultado de un dinamismo existente dentro de la misma organización criminal cuyas grietas comenzaron a aparecer derivado de una serie de traiciones y ambiciones por hacerse del control territorial, consolidar un liderazgo o acaparar mayores ganancias de sus lucrativo negocio.
Con sus fundadores, Ismael El Mayo Zambada y Joaquín El Chapo Guzmán bajo resguardo de autoridades estadunidenses, el Cártel de Sinaloa se ha reconfigurado y, si bien fue el conflicto más reciente el que terminó por fragmentarlo, lo cierto es que su estallido se presagió desde hace, al menos, 18 años.
La ruptura con el Cártel de los Beltrán Leyva
Dentro de las filas del Cártel de Guadalajara se formaron varias trayectorias delictivas. Si bien las más destacables fueron las de los cofundadores del Cártel de Sinaloa existió otra que también despegó: la de los hermanos Beltrán Leyva.
Bajo el liderazgo de Arturo, conocido también como El Barbas, el Cártel de los Beltrán Leyva se hizo de su propia reputación como organización narcotraficante hasta que su asociación con El Chapo y El Mayo los catapultó a la cúpula del hampa mexicano.
De acuerdo con reportes de InSight Crime, los lazos entre Guzmán Loera y los Beltrán Leyva incluso llegaron a hacerse más estrechos gracias a vínculos matrimoniales de modo que para 2002 la unión de ambas organizaciones delictivas -y otras más que operaban en la Ruta del Pacífico- fue conocida como La Federación.
Con los Beltrán Leyva operando tanto redes de tráfico de drogas como el frente de batalla para combatir a Los Zetas, sus lucrativos negocios prosperaron al menos hasta 2008 cuando una inesperada detención cambió el rumbo de todo. En enero de aquel año, Alfredo Beltrán Leyva alias El Mochomo fue arrestado en Culiacán, una noticia que desató la furia de su hermano, Arturo.
El Barbas acusó una traición toda vez que meses después de la caída de El Mochomo también fue liberado Iván Archivaldo Guzmán Salazar, hijo del Chapo que permanecía recluido tras un arresto en 2005. Ante los ojos del líder de los Beltrán Leyva, el capo sinaloense había negociado la libertad de su primogénito a cambio de la de su hermano.
Aquel desencuentro desató una cruenta guerra que dejó múltiples víctimas al tiempo que cada uno de los miembros de La Federación tuvo que elegir bando. Según apunta InSight Crime, el Cártel de Sinaloa conformado por los Guzmán y los Zambada utilizó sus contactos en el gobierno federal para desgastar a sus rivales hasta que el golpe final llegó en 2009.
Con decenas de sus miembros arrestados o asesinados, la Secretaría de Marina (Semar) acorraló a Arturo Beltrán Leyva quien resultó abatido durante un operativo realizado en un lujoso complejo de departamentos en Cuernavaca, Morelos. Con su principal líder neutralizado, fue cuestión de tiempo para que el resto de los hermanos Beltrán Leyva también cayeran y su imperio criminal se fragmentara. Aquella primera victoria del Cártel de Sinaloa sería tan solo el presagio de otras dos rupturas.
La disputa con Los DámasoTras su primera captura en 1993, Joaquín El Chapo Guzmán fue recluido en el Penal de Puente Grande donde conoció a un elemento que resultó clave no sólo para orquestar una de sus famosas fugas sino también para operar redes de tráfico de drogas: Dámaso López Núñez.
Mejor conocido como El Licenciado, dicho socio de Guzmán Loera dejó atrás la vida de funcionario público para involucrarse en actividades delictivas del Cártel de Sinaloa. De acuerdo con InSight Crime, Dámaso López Núñez conformó su propia estructura criminal basada en el soborno sistemático de autoridades y una red de trasiego de drogas.
En 2014 tras la recaptura de El Chapo, el liderazgo de El Licenciado en el Cártel de Sinaloa se fortaleció al quedar al frente de diversas operaciones. Si bien un año más tarde el capo sinaloense volvió a fugarse, su captura definitiva en 2016 también erosionó la facción que Los Dámaso habían consolidado dentro de la organización delictiva.
"En 2017 Mini Lic junto con su padre, disputó el liderazgo del Cartel de Sinaloa mediante una serie de enfrentamientos armados contra las facciones lideradas por Ismael Zambada García, alias El Mayo, y Los Chapitos, hijos de Guzmán Loera. Esta pugna provocó una ola de violencia en Sinaloa, acentuando la fragmentación del grupo", describe en un informe InSight Crime.
Diversos municipios del sur y el centro de Sinaloa, así como plazas de relevancia en Baja California Sur se convirtieron en escenario del conflicto entre Los Dámaso, Los Chapitos y Los Mayos. En medio de las rencillas se suscitaron homicidios como el del periodista Javier Valdez cuyo autor intelectual aún continúa prófugo.
Nuevamente, fue la neutralización de rivales la que puso fin al ardua disputa. En 2017 El Licenciado fue arrestado en la Ciudad de México y meses después su hijo, Dámaso López Serrano alias Mini Lic, se entregó a autoridades estadunidenses en el cruce fronterizo de Calexico en California.
La traición a El Mayo Zambada: el quiebre sin regreso
El 25 de julio de 2024, en una jugada inesperada, Ismael El Mayo Zambada aterrizó en un aeródromo cercano a El Paso, Texas en donde ya era esperado por agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés). No llegó solo, junto a él: Joaquín Guzmán López.
Aunque la noticia desató una serie de especulaciones, poco tardaría en revelarse que el hijo de El Chapo Guzmán le tendió una trampa al septuagenario capo que lo apadrinó en su infancia. Tal y como refieren las investigaciones de ambos lados de la frontera, El Mayo Zambada fue emboscado en Huertos del Pedregal, sedado y trasladado por la fuerza hasta una pista clandestina desde donde despegó la aeronave que lo llevó a territorio estadunidense.
Además de confirmar de que no llegó por voluntad propia, Ismael Zambada García hizo un llamado a la paz en Sinaloa a través de una misiva compartida por su abogado Frank Pérez al periodista Angel Hernández para MILENIO. Fue demasiado tarde, en cuestión de meses, la guerra estalló en Culiacán.
La traición al también llamado Señor del Sombrero no pasó de largo para su heredero, Ismael Zambada Sicairos, alias El Mayito Flaco, quien ordenó a sus subordinados expulsar a Los Chapitos y sus asociados de la capital sinaloense en miras de reclamar el liderazgo de la organización delictiva.
Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, los hijos del Chapo que quedaron al frente de su facción tras la caída de Ovidio y Guzmán López, respondieron a la embestida de Los Mayos destinando recursos a una guerra que está próxima a cumplir dos años.
Pese a que la estructura de ambos grupos en disputa ha sido erosionada tanto por su mismo conflicto como por las diligencias de autoridades federales, lo único cierto es que después de aquel 9 de septiembre de 2024, los Guzmán y los Zambada dejaron de ser aliados para convertirse en aguerridos rivales, aún y cuando eso implicó la fragmentación definitiva del Cártel de Sinaloa.
ATJ