• Ladrones de arte tienen inspiración divina: Estos son los robos en México a lo largo de los años

  • El robo de obras de arte ha multiplicado los canales de comercialización con redes globales.
México /

Desaparecieron como si se tratara de una billetera, pero era algo que definitivamente no cabe en el bolsillo: 15 óleos del artista plástico Alberto Aragón Reyes, que esperaban embalados para viajar de México a Odense, en la provincia de Fionia, Dinamarca, como regalo para la galería del escultor Jens Galschiot. Ambos artistas cultivan amistad desde principios de este siglo, así lo comprobó MILENIO.

Galschiot, de 60 años, es autor de la célebre serie Columna de la infamia, de ocho metros de altura que ha sido replicada en distintos lugares en bronce, cobre o argamasa, compuesta de figuras humanas apiladas, con la expresión en sus rostros de haber sido consumidas por el sufrimiento.

Se ha otorgado como baldón barbarie o para recordar una masacre o un crimen concreto: en Hong Kong por Tiananmén; en Roma por el hambre; la masacre en El Dorado, en Brasil, y en 1999 se erigió en México por la matanza de Acteal.

​¿Quién es Alberto Aragón Reyes?

Aragón Reyes, de 43 años, es pintor de un universo de criaturas pertenecientes a una mística profana: sacerdotes, dioses y demiurgos; además ha creado esculturas monumentales, como los cinco titanes metálicos que puso en pie sobre la capital oaxaqueña en 2024.

Uno de ellos, El pescador, lleva a espaldas una gran captura; otro, un hato de leños, que parece tener el peso del mundo; del resto –brazos caídos, mirada al suelo–, se diría que han sido vencidos por el cautiverio de su existencia.

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En 2011, Gelschiot esperó infructuosamente la llegada de los lienzos de Alberto Aragón para su galería. Fue hasta siete años después, en abril de 2018, que el artista mexicano topó en internet con una de las piezas: se hallaba en subasta, en el portal eBay, con un precio de apertura de 123 mil coronas, equivalente a unos 350 mil pesos mexicanos.

Se trataba de El sueño de la abundancia, un lienzo de 1.70 metros de alto por 2.20 de ancho, en el cual aparecen cinco pescadores envueltos en túnicas bordadas de luces, como trajes de torero, cráneos desnudos que les confieren cierto aire andrógino, tres de ellos cargando a un gran pez como se presume una medalla olímpica, aunque su pesca proceda de lo profundo de las alcantarillas, como delatan dos lámparas adheridas a la pared del túnel, al fondo de la escena.

Reyes y Galschiot reportaron el hallazgo a la policía internacional (Interpol). Los agentes actuaron con rapidez, pues la puja estaba próxima a cerrar. Dieron entonces con la casa de subastas que vendía la obra robada en Salt Lake City, capital de Utah, en el oeste estadounidense.

Tras las pesquisas de la fiscalía general danesa, del estadunidense Buró Federal de Investigaciones (FBI) y de la Policía de Fionia, fueron halladas, en colecciones particulares, seis más de las obras robadas en 2011.

En 2019, las siete pinturas recuperadas llegaron por fin a la galería de Galschiot, quien estimó el valor de las obras –según declaraciones a la prensa local– en 2 millones de coronas danesas, unos 5.7 millones de pesos.

Aragón, por su parte, reveló: “He perdido cuadros entre Europa y Estados Unidos, entre la República Checa y Dinamarca, entre Estados Unidos y México, y varias veces en México. Una vez perdí 18 de una exposición entera cuando me robaron una camioneta. Encontraron al conductor atado y desnudo en la carretera. Pero afortunadamente ileso. Esto es lo que pasa en México, y si la mafia está involucrada, simplemente hay que olvidarse de recuperarlo”.

El episodio muestra cómo el crimen en México ha multiplicado sus canales de comercialización con redes globales. También exhibe la intervención de organizaciones del crimen “duro” en el mercado negro de bienes culturales, y la diversificación de la oferta.

Sin embargo, los ladrones ponen especial interés en las obras de arte religioso. Ahí está su principal negocio.

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Han robado 430 piezas del patrimonio cultural

Los atracadores de arte parecen tener inspiración divina. El saqueo de obras de templos católicos representa dos tercios del total de las extracciones realizadas en México.

De acuerdo a la base de datos de Patrimonio Cultural Robado de Interpol, consultado por MILENIO, en las últimas cuatro décadas se ha registrado el hurto de 430 piezas en 158 eventos. Las cifras oficiales, aseguran los expertos, representan una pequeña parte de la dimensión del fenómeno.

Por entidad, los atracos se distribuyen en 22 entidades: 

  • Tlaxcala (39)
  • Puebla (25)
  • Ciudad de México (23)
  • Estado de México (16)
  • Hidalgo (13)
  • Guanajuato (8)
  • Morelos (6)
  • Zacatecas (5)
  • San Luis Potosí (4)
  • Veracruz (3)
  • Querétaro y Jalisco (2, respectivamente) 
  • Coahuila, Colima, Durango, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca y Quintana Roo (1, para cada uno)

En tres eventos, los registros no especifican la entidad donde se cometió el robo.

Los sitios donde ocurrieron las sustracciones son de lo más diverso: 

  • Templos religiosos (117)
  • Domicilios particulares (6)
  • Depósitos (9)
  • Museos (8)
  • Edificios (3)
  • Galerías de arte, salas de exhibición, hoteles, vehículos, sitios arqueológicos y bibliotecas públicas (1, en cada no)

De nueve sitios no hay detalles del lugar donde ocurrió el robo.

Del total de piezas robadas entre 1983 y noviembre de 2025, y que obran en los registros de Interpol, 279 son de naturaleza religiosa católica; es decir, el 64.8 por ciento, mientras las 151 piezas restantes, el 35.2 por ciento, son no religiosas.

Tomando en cuenta estas últimas, sobresalen 93 documentos históricos sustraídos del Archivo General de la Nación (AGN), que incluyen manuscritos epistolares de personajes históricos como Hernán Cortés y Benito Juárez, croquis diversos como el del Pabellón de México en la Exposición Mundial de París de 1889, mapas de pueblos, ciudades y provincias.

Así como copias de leyes, genealogías, folletería y dibujos variados desde la era novohispana al México decimonónico.

Entre las obras de arte contemporáneo destacan las de David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, Julio Castellanos, Francisco Toledo y creaciones de Pablo Picasso, robadas en México.

Obra de Diego Rivera.

Este segmento del acervo robado incluye además el famoso catalejo de Julio Verne, robado en la Biblioteca José Vasconcelos de la Ciudad de México a principios de siglo, una flauta de origen indio e incluso una tasa del periodo romano hurtada de un museo, no especificado, en la Alcaldía Miguel Hidalgo de la Ciudad de México.

Los registros de la Interpol revelan que el arte robado termina en subastas de plataformas digitales de comercialización como eBay, pero también a través de casas de subasta tradicionales de Nueva York o Los Ángeles, e incluso en la británica Sotheby’s.

Cartas de Hernán y Martín Cortés

Entre los documentos saqueados del AGN e indexados en la base de datos de Interpol se encuentran cuatro suscritos por el conquistador Hernán Cortés, Marqués del Valle de Oaxaca, y dos por su hijo Martín Cortés Zúñiga, heredero del marquesado, robados en 1984 y 1992.

De Hernán Cortés, cuatro robos

  • Carta de confirmación de pago a Diego de Guinea, mayordomo de cuentas del conquistador, fechada el 11 de abril de 1540
  • Carta de agradecimientos varios al encomendero Juan Toledo, de agosto de 1540
  • Carta-letra de cambio que instruye a Nicolás Palacios Rubio, otro de sus mayordomos de administración, el pago de 60 pesos oro a Melchor López y Alonso Bobedo por gastos en la expedición de la Armada del Sur en busca de especiería, fechada el 20 de febrero de 1527
  • Carta-letra de cambio, también dirigida a Palacios Rubio, en la que dispone el pago de 50 pesos oro al capitán Diego de Medina, por servicios similares a los señalados en la anterior, del 6 de mayo de 1527
Algunas cartas de Hernán Cortés han sido robadas.

De Martín Cortés Zúñiga, un giro bancario dirigido a Juan Pennas para entregar cuatro panes de azúcar a Francisco Nabarro (sic), por una cara, y en la contraparte, la carta de pago y confirmación de la recepción de los panes, suscrita por Nabarro.

Un segundo documento es el registro contable del giro bancario, con portada del Fondo Hospital de Jesús de AGN.

Algunos de estos documentos aparecieron a la venta en conocidas galerías de Nueva York como Christie’s, Bonham’s y Swann, y Sanders en Los Ángeles, entre 2017 y 2020, según informó el AGN en 2021.

En 2023, el FBI incautó otro escrito cortesiano procedente del AGN, que estaba bajo puja en una casa de subastas de Boston, Massachusetts. Era una carta firmada por el conquistador de México, en la que instruía a su mayordomo para la compra de “azúcar rosado”.

En agosto de 2024, el gobierno mexicano informó de otra carta de Cortés recuperada por el FBI, la del 20 de febrero de 1527 a Palacios Rubio. No obstante, en los registros de Interpol permanece con estatus de robada.

Cartas de Juárez, de Escobedo, grabados del Imperio mexicano y más

Del Archivo General de la Nación también fue robada correspondencia de personajes de la etapa de Reforma. Del presidente Benito Juárez, una carta al abogado Matías Romero –embajador de su gobierno itinerante ante el del estadunidense Abraham Lincoln, fechada el 26 de enero de 1865– sobre el imperio de Maximiliano y temas personales, como la muerte de su hijo.

Otra carta robada es del general Mariano Escobedo, del 11 de agosto de 1866, en la que el general del Ejército del Norte informa al presidente Juárez del envío de una carta-factura por 5 mil pesos que los soldados recaudaron para apoyar el gobierno legítimo.

Entre la memoria documental saqueada del AGN, figura un Mapa General del Pabellón de México en la Exposición Mundial de París de 1889, impreso, en el cual muestra un croquis de ubicación, todo en francés, con el número de pabellón (38) y la leyenda “cablegrama” en letra manuscrita.

Está también un notable grabado de 1863, que reproduce el Escudo de Armas del Imperio Mexicano: de una corona imperial se desprende un manto monárquico que forma el campo de la composición, en donde, rodeado de guirnaldas, un segundo escudo en relieve enmarca la imagen de un águila coronada, devorando a una serpiente sobre un nopal; arriba, detrás de la corona, vuela una cinta en la que se lee la leyenda: Religión, independencia, unión.

Escudo de Armas del Imperio Mexicano

Otras piezas plagiadas de un lote sustraído en 2013, son dos grabados con modelos vestidos, uno en cada cual, con los “uniformes de los gobernadores de los estados, distritos y territorios”, de 1853.

Además de otro grabado, en 1854, de los Uniformes de reos de San Juan de Ulúa, que representa una faena de limpieza de cocina por parte de dos presos uniformados. Otro dibujo digno de mención es un proyecto de artillería de tres cañones para la Escuela Práctica de Artilleros.

Uniformes de reos de San Juan de Ulúa

En el recuento de pérdidas, son dignos de mención los grabados Máquinas para medir la presión sanguínea, de 1890, que reproduce el complejo aparato usado en la época y algunas gráficas de mediciones; y La zoologie de L’avenir L’expérimentation, de 1897, que ilustra la reproducción celular y otras imágenes relacionadas.

También, el Códice Calapan, de Tlaxcala, y el Códice de Chiconquiaco, de Veracruz, que extrañamente, en tiempos del gobernador Fidel Herrera (2004-2010) se dijo recuperado y que yacía “en un cofre” en poder del gobierno estatal.

Está también un dibujo manuscrito del año 1790 llamado Rueda perpetua astrológica de los indios mexicanos, que semeja la forma zodiacal.

En la relación de piezas robadas hay un nutrido grupo de dibujos, la mayoría de ellos elaborados a mano, de croquis y mapas de Puebla y otras regiones del país, incluido uno de La nueba México (sic) (Nuevo México), de 1765. También hay copias del reglamento de gobierno de la provincia de California y de la provincia de la Alta California, de 1763 y 1779.

Robos de Riveras, Siqueiros, Picassos, Toledos y piezas no pictóricas

Entre las piezas pictóricas robadas en México e indexadas en la Base de Datos de Interpol, se cuentan tres de David Alfaro Siqueiros: 

  • La tierra en el cosmos (1955-56)
  • Paisaje elocuente (1968-69)
  • Tierra y cielo (1958)
  • Acrílicos sustraídos en robo domiciliario de julio de 1999 en la Ciudad de México
La tierra en el cosmos (1955-56)

En el mismo atraco fueron robados dos obras de Pablo Picasso:

  • El estudio del artista, dibujo en cartulina y el grabado ‘Mujer sentada con sombrero’
  • Varias cifras, boceto para un fresco, dibujo a lápiz, de Julio Castellanos
  • Figuras estilizadas, dibujo a tinta india de Francisco Toledo
  • Armando y Margarita de 1969, dibujo a tinta india de José María García Ocejo –discípulo del expresionista austriáco Oskar Kokoshka–, y una escultura secular del siglo XVIII, ‘Caballero español’

En otro episodio de 2002 fue robado un Retrato a tinta china de Leopoldo Méndez (1902-1969), que era considerado como el más destacado grabador mexicano a mediados del siglo XX.

Entre las piezas no pictóricas, destaca el telescopio de latón, madera y cristales, con el que el escritor Julio Verne cruzó el Mediterráneo en 1884, a bordo del St. Michel, de su propiedad, hacia las Islas Baleares en busca del Faro de la Mola, de la Isla de Formentera de dicho archipiélago.

Telescopio de Julio Verne.

Además, la tasa del periodo romano, tallada en madera, con su asa larga; una flauta hindú del siglo XX, de madera, plástico y malla de alambre, de notable industria, además de un contenedor de especia en cerámica, del siglo XIX.

Arte sacro, las más numerosas

De las 177 piezas robadas de arte sacro, hay pinturas de diversa factura. Tres siglos de historia de imaginería católica, poblada de santos y santas, episodios bíblicos principalmente del nuevo testamento, vírgenes y milagros, incluidos numerosos exvotos.

No es extraño que la mayoría de piezas artísticas denunciadas como robadas en la BDD de Interpol sean de naturaleza religiosa-católica. Entre las razones de ello está la cantidad de obras disponibles: durante tres siglos prácticamente toda creación artística surgió dentro de la imaginería católica y en su jurisdicción, lo que propició una producción gigantesca.

En segundo término, la mayoría de las piezas religiosas no están resguardadas por personal y dispositivos de seguridad como los que protegen las obras de un museo, sino que se hallan en templos sin resguardo e incluso de acceso libre. Además, durante décadas, fue era mucho más fácil comercializar una pieza religiosa robada, incluso con otros templos, que una obra contemporánea o una pieza de otra naturaleza.

Por otro lado, el robo de obras no religiosas, o seculares, con frecuencia no se denuncia. Muchos propietarios rehúyen a la publicidad, ya sea que la obras pertenezcan a colecciones particulares o a galerías.

Dentro de las creaciones religiosas robadas, la gran mayoría no llevan firma de sus autores. Las piezas de mayor relieve siguen siendo las de autor. 

Por ejemplo, del pintor poblano Luis Berrueco (1717-1749), ocho de sus obras están indexadas en el registro de Interpol, robadas de un templo católico de Huaquechula, Puebla, en 2001: 

  • San Francisco de la Selva
  • El traslado de San Francisco
  • La visión de la redoma
  • Alegoría de la inmaculada concepción
  • El Papa Nicolán V ante el cuerpo de San Francisco
  •  El funeral de San Francisco
  •  El traslado de San Francisco
  • Expansión de la Orden Franciscana
Interpol tiene ocho investigaciones por robo a obras de Luis Berrueco.

De Juan Correa (1646-1716), pintor barroco, mulato, de origen capitalino, se registra la obra Virgen María compartiendo la comunión con San Nicolás. Junto con Miguel Cabrera y Cristóbal de Villapando, Correa es una de las cumbres de la pintura barroca novohispana.

También cinco piezas de Nicolás Rodríguez y Xuárez: San Jerónimo, San Ignacio de Loyola, Santo Tomás de Aquino y Cristo atado a una columna.

RM

  • Esteban David Rodríguez
  • Periodista de investigación y ensayista. Autor de La jaula de los secretos y Derecho de sangre, entre otros.

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