Al clima, la playa, la gastronomía, la vida nocturna de Puerto Vallarta, Jalisco, se les sumó un nuevo atractivo turístico: los estragos de violencia del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) tras la caída de su líder y fundador Nemesio Oseguera González, El Mencho.
Una vez que el código rojo de seguridad se levantó, volvió la normalidad en el Pacífico mexicano. Aunque sus actividades no se han normalizado al 100 por ciento, la vida regresó.
En sus centros deportivos, corredores regresaron a las pistas, los adultos mayores a caminar de la mano por sus calles y las familias a la arena y al mar.
Economía se comienza a levantar en Jalisco
La fuerza económica y laboral del municipio también se hizo presente en el transporte público que se reactivó. Además, los restaurantes y comercios levantaron sus cortinas y las plazas abrieron sus puertas.
Algunos de estos inmuebles cuentan con horarios especiales para que sus trabajadores y comensales no estén en la calle hasta altas horas de la noche y evitar riesgos.
Lo cierto es que Puerto Vallarta vuelve a respirar, a diferencia de otros puntos donde los convoyes de las fuerzas del orden son vistos con recelo. En este punto, y tras lo ocurrido el domingo 22 de febrero, agradecen su presencia; hasta los niños saludan al ver a los marinos armados patrullando.
Para seguir dando esa certeza, la Secretaría de Marina (Semar) envió 102 efectivos para continuar sus labores de patrullaje y prevención por cielo, mar y tierra.
En la plaza Caracol y el Costco de Puerto Vallarta, epicentros de la furia del CJNG, aún están los vehículos de sus clientes incinerados.
Mientras la vida sigue en forma de familias, parejas y solitarios haciendo el súper, pasan su mandado junto a los carros afectados sin inmutarse.
Aseguradoras de vehículos responderán por los daños
El levantamiento del código rojo permitió a las aseguradoras vehiculares ingresar a los inmuebles y “cerciorarse de los hechos” para pagar a sus clientes.
Pero los que no, solo vieron desde la ventana del centro comercial como el patrimonio por el que trabajaron tantos años se consumía en las llamas de un contraataque criminal.
Así sufre los estragos de violencia el pueblo
Verónica Cortés narra, entre tristeza y rabia, que su hija, trabajadora del Costco, vio perder su carro el domingo. Como un día normal, dejó su Spark de Chevrolet aparcado en las primeras filas del estacionamiento, sin saber que sería la última vez que lo iba a manejar.
Durante horas las llamas consumieron su color y todo su interior. La madre e hija se acercaron al parabrisas e intentaron descifrar el número de serie; sin embargo, se les dificulta distinguir los números, no por falta de visión o problemas de la vista, sino porque está deformada la placa.
Otro problema son las grúas, no por ellas como tal, sino porque no hay unidades suficientes para remolcar el cascajo de lo que hasta hace unos días eran vehículos.
Los operadores deben ser cuidadosos en la maniobra de montar los carros, pues quieren evitar que se partan o rompan y así “dar dos viajes, cuando tenemos tanto trabajo”.
Tras el retiro, personal del centro comercial barre de inmediato y aplica artículos de limpieza para quitar lo tóxico de los materiales que se quemaron con el carro, pero al final la mancha negra persiste.
Turistas se acercan a la escena por una foto
Decenas de turistas extranjeros llegan caminando, otros en coche y hasta en bicicleta a la zona cero para ver los coches quemados. Sacan sus celulares y toman videos, fotos y selfies para presumir en otras fronteras que estuvieron en la zona de guerra de México del 22 de febrero.
Nadie quiere perderse el registro de la escena. Van al fondo, van a un tráiler, van a un grupo de coches, meten el celular al interior del carro, posan junto a otro. Es un destino turístico más.
Karen se acercó y nos enseñó los videos de ese día. Contó para MILENIO que jóvenes llegaron en motos cargados de bidones de gasolina y desataron un infierno.
Como ciudadana extranjera, lamentó que las autoridades no hayan llegado a repeler la agresión y cuidar a la ciudadanía.
Se acercó un turista canadiense, desorientado, y le preguntó: —¿Dónde están los carros quemados por el Cartel?
La mujer señaló el vehículo y el extranjero sacó su celular para tomarse una foto.
Durante horas, se repite la misma escena: ya nadie quiere imanes de refrigerador, ni llaveros; quieren la foto del carro quemado del 22 de febrero, de la furia del CJNG.
RM