• "Pensé que era un error": el colapso de la natalidad en México que sorprendió a demógrafos

  • La velocidad del descenso supera precedentes internacionales y marca una transición histórica: de la campaña "La familia pequeña vive mejor" a un envejecimiento poblacional acelerado.
Ciudad de México /
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M+.- En Francia, la caída de la natalidad tomó casi dos siglos. En México, apenas treinta años. La velocidad con la que se ha reducido el número de nacimientos coloca al país ante uno de los descensos más drásticos de América Latina: en solo ocho años, los nacimientos se desplomaron casi 40 por ciento. 

El colapso ha sido tan abrupto que incluso fue sorpresivo para los propios demógrafos. "Pensé que era un error". Fue la primera reacción del doctor Víctor Manuel García Guerrero, demógrafo investigador del Colegio de México (Colmex), cuando vio por primera vez las cifras recientes de natalidad. Se negó a creerlas.

En la demografía existe un fenómeno conocido como registro tardío: niños que nacen un año pero que son inscritos oficialmente en otro, un desfase, además, acentuado durante los cierres de oficinas por la pandemia de covid-19.

"Yo tenía en la cabeza que se iban a ir registrando después", confiesa García Guerrero, en entrevista con MILENIO. "Pero llegó 2024, luego 2025, no sucedió, y en 2026 las cifras continúan cayendo”. En Aguascalientes, por ejemplo, los registros pasaron de 27 mil en 2019 a menos de 20 mil, explica el demógrafo. Una caída del 26 por ciento en un solo estado. “Cuando se multiplica eso por toda la República, se va comprendiendo el colapso tan grande".

Desconcertado, el investigador contactó directamente a las oficinas centrales del Inegi en Aguascalientes. Preguntó si había alguna falla en las bases de datos o en el procesamiento del sistema. La respuesta fue categórica: no había error. La natalidad mexicana sencillamente había cambiado.

"A todas luces hay una caída inesperada. No sé si se trata de un efecto psicológico post-covid y tampoco hay suficientes datos para saber si será un cambio permanente", admite.

Aunque el Consejo Nacional de Población (Conapo) había advertido desde 2016 que México ya había cruzado a la baja el umbral de reemplazo generacional, este cambio fue incluso inesperado.

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En los años setenta, el país enfrentaba la amenaza opuesta. Con una población que crecía al 3.5 por ciento anual y se duplicaba cada dos décadas, el entonces presidente Luis Echeverría advirtió en su Tercer Informe de Gobierno sobre una “realidad demográfica impresionante”. De ahí nació, en 1974, el Conapo y una campaña publicitaria que se grabó en la memoria colectiva: “La familia pequeña vive mejor”.

El eslogan penetró hasta la médula de la sociedad. México pasó de familias con un promedio de siete hijos a 1.6, una cifra menor al reemplazo cinco décadas después. El péndulo rebotó con fuerza hacia el extremo opuesto. El desafío ya no es frenar la explosión demográfica, sino enfrentar el envejecimiento acelerado de un país.

En México se está dejando de tener niños a una velocidad inesperada. En el sistema público de salud, el impacto ya se puede medir. En los hospitales del ISSSTE, nacían más de 36 mil bebés por año en 2017. Ocho años después, en 2025, fueron apenas 18 mil 691, de acuerdo con cifras de la institución, obtenidas mediante una solicitud de acceso a la información pública.

En 1974 nació la campaña publicitaria: “La familia pequeña vive mejor”. | Foto: Javier Ríos

En números exactos, los nacidos vivos pasaron de 36 mil 52 en 2017 a 18 mil 691 en 2025: una caída de 48.2 por ciento. 


En el IMSS la historia tampoco es distinta, de acuerdo con una investigación de datos realizada por MILENIO y Martín Szyszlican, de Abrimos.info, una organización especializada en analizar datos públicos. Los nacimientos en el Seguro Social pasaron de 425 mil 516 a 271 mil 955. Son más de 153 mil nacimientos menos, una reducción superior al 36 por ciento en los últimos ocho años.

Pero el fenómeno no se queda en las estadísticas hospitalarias, también alcanza a los servicios destinados a la primera infancia. La cantidad de niñas y niños atendidos en las estancias infantiles del ISSSTE cayó 27 por ciento. 

No hay escuela si no hay niños

México comienza a reorganizarse alrededor de la ausencia de estos niños. Saraí Peña, maestra de preescolar, también pensó al principio que la disminución de alumnos sería pasajera, un efecto más de la pandemia que en cualquier momento regresaría a la 'normalidad' —antes del covid—.

Sus grupos tenían alrededor de 15 alumnos cuando se graduó de la universidad en 2017. Hoy, algunos salones no ocupan ni cinco bancas. Lo que parecía un efecto temporal comenzó a repetirse año tras año.

Entonces entendió que no se trataba de una anomalía. “Me di cuenta de que era un fenómeno”, contó en entrevista.

Pero queda una pregunta: ¿Por qué las nuevas generaciones están teniendo cada vez menos hijos?

En los planteles se observa una disminución de alumnos. | Foto: Javier Ríos

Los cinco muros que obstaculizan la decisión de la maternidad

Las demógrafas y demógrafos en México han dejado de limitarse a contar los nacimientos y ahora intentan descifrar qué hay detrás de la decisión de las nuevas generaciones de postergar o renunciar a la maternidad.

Víctor Manuel García Guerrero, Paula Martes Camargo y Nathaly Llanes Díaz, investigadores del Colegio de México, abordaron el fenómeno en el estudio ¿Aplazamiento o limitación? Mecanismos de las intenciones reproductivas en el contexto de fecundidad más baja de la Ciudad de México, publicado en el Vienna Yearbook of Population Research 2026.

Su investigación cualitativa revela que el descenso no responde a un desinterés superficial, sino a barreras estructurales concretas.

Para entender qué hay detrás de esa decisión, entrevistaron a 35 mujeres en la Ciudad de México, la entidad con la fecundidad más baja del país: 0.96 hijos por mujer.

Buscaron perfiles diversos: estudiantes, trabajadoras y mujeres de Iztapalapa y de zonas populares de Magdalena Contreras.

Al escucharlas, identificaron al menos cinco razones que influyen en la decisión de postergar o renunciar a su intención de maternidad.


1. La precariedad económica y la falta de vivienda

“Es que yo no estoy estable económicamente y no me alcanza para pagar una renta. Son carísimas”.

La frase se repite entre las entrevistadas, explica Nathaly Llanes Díaz, una de las autoras del estudio.

La precariedad laboral es un dato, no una percepción. De acuerdo con Jóvenes en México 2026, estudio coordinado por el investigador José Antonio Pérez Islas y elaborado por el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, las personas de entre 15 y 29 años perciben, en promedio, el equivalente a dos salarios mínimos.

2. El deseo de autorrealización

Para muchas mujeres, asumir un embarazo implica pausar o renunciar a sus proyectos personales: continuar sus estudios, consolidar su carrera profesional, viajar o construir una vida propia.

La intención de la maternidad deja de ser una decisión aislada y comienza a integrarse con otros proyectos de vida.

Algunas, además, que fueron madres jóvenes y que ahora pretenden concluir sus estudios universitarios, consideran un segundo embarazo como un obstáculo para lograr esa meta.

3. La falta de corresponsabilidad en la pareja

En México, explica Llanes Díaz, la maternidad está fuertemente asociada con la vida en pareja. A diferencia de otros países donde tener hijos puede desvincularse más de la formación de una pareja, aquí el proyecto suele pensarse en dos.

Sin embargo, las malas experiencias de pareja y una distribución desigual entre las tareas domésticas y de cuidados pueden cerrar la puerta a un primer embarazo o hacer que una mujer decida no tener un segundo hijo.

4. Las exigencias de la 'crianza positiva'

A la maternidad se le exige cada vez más. La presión social alrededor de la llamada 'crianza positiva' ha construido un modelo de crianza intensiva en el que la presencia constante de la madre parece indispensable: estar, acompañar, estimular, cuidar, atender, educar.

Pero esa expectativa choca contra una realidad mucho menos flexible, con un mercado laboral rígido y licencias de maternidad y de paternidad insuficientes.

En México, las madres tienen 84 días de licencia y los padres apenas cinco.

“Tenemos un sistema que laboralmente no te garantiza poder cubrir esa crianza”, sintetiza Llanes Díaz.

Para muchas mujeres, asumir un embarazo implica pausar o renunciar a sus proyectos personales. | Foto: Ariana Pérez

5. El reloj biológico y social

Y hay un último muro: el tiempo. A las restricciones económicas, laborales, habitacionales y afectivas se suma una presión biológica y social que algunas de las entrevistadas comienzan a sentir alrededor de los 30 años.

Para ellas, los 30 aparecen como una frontera.

“Sienten que, acercándose a los 30, ya no van a poder tener hijos porque temen un embarazo de alto riesgo o que su hijo pueda nacer con alguna discapacidad”, explica Llanes Díaz.

El reloj comienza a correr mientras las condiciones para ser madre siguen sin estar dadas.

Ahí aparecen algunas claves del descenso de la fecundidad. Muchas mujeres no necesariamente han renunciado al deseo de ser madres; han comenzado a dudar de que puedan permitírselo.

Y cuando cada variable juega en contra, el resultado es sencillo: no alcanza.

Porque la maternidad involucra a todos y, al mismo tiempo, sienten que los actores que deberían sostenerla no están respondiendo: pareja, Estado y sector privado.

América Latina envejece

América Latina envejece a un ritmo sin precedentes. México no está solo. La transformación de la pirámide poblacional recorre toda la región y registra una de las caídas de la fecundidad más aceleradas del mundo: 68.4 por ciento desde 1950, de acuerdo con el Banco Mundial.

José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la Cepal, ha advertido sobre esta aceleración brutal: “La región envejece en un par de décadas lo que a Europa le tomó más de un siglo”.

Los países latinoamericanos con las caídas más pronunciadas de natalidad incluyen a Argentina, Puerto Rico, Chile, Uruguay, Costa Rica, Guatemala y México.

Sin embargo, los apoyos para quienes deciden formar una familia siguen siendo limitados.

Mientras las naciones de la OCDE destinan en promedio un 2.35 por ciento de su PIB a subsidios familiares —con Islandia y Polonia superando el 3.5 por ciento—, México se hunde en el fondo de la lista junto a Turquía, con una inversión que no alcanza el uno por ciento. 

El péndulo demográfico ya giró. La misma eficacia con la que México logró reducir su crecimiento poblacional en la década de los setenta será necesaria ahora para enfrentar el efecto contrario: un país que envejece aceleradamente con menos nacimientos y con más personas mayores.

El futuro demográfico ya llegó. Y fue sorpresivo en México, pero también al mundo.

Por primera vez en la historia, según un informe de la Oficina del Censo de Estados Unidos, los adultos mayores superan en número a los niños en el mundo.

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IOGE 

  • Claudia Solera
  • Periodista de investigaciones especiales desde hace 16 años en medios nacionales e internacionales. Premio Roche 2020 de Periodismo en Salud. Periodista por la Universidad de los Andes de Colombia.

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