Chipilo, un pedazo de Italia con tradición empresarial

Chipilo se fundó en 1882 cuando refugiados arribaron a Puebla y forjaron su patrimonio con la actividad ganadera de lácteos y muebles.

En la Presidencia Auxiliar se puede apreciar un escudo con los apellidos de los primeros italianos que llegaron a la comunidad. (Andrés Lobato)
Chipilo se fundó en 1882, cuando llegó un grupo de refugiados provenientes de Segusino. (Andrés Lobato)
Rominetta es el sueño de Romina Zanella, una joven emprendedora de 18 años, un negocio de gelatos con tradición. (Andrés Lobato)
Omar Galeazzi busca dejar un legado en las siguientes generaciones en la pintura. (Andrés Lobato)
En el parque principal de la comunidad se pueden apreciar letreros en veneto italiano. (Andrés Lobato)

Angélica Tenahua

Chipilo es una localidad ubicada en el municipio de San Gregorio Atzompa, cuya población es 50 por ciento originaria de Italia. Las actividades económicas principales de los emprendedores, así como de los microempresarios y empresarios de la comunidad se concentran en la ganadería, el sector de alimentos, restaurantero y muebles rústicos, las cuales destacan por sus exportaciones.

En un recorrido realizado por MILENIO Puebla, se detecta un ambiente similar a Italia, pues los pobladores se esfuerzan por conservar sus raíces, sin embargo, también han simpatizado con mexicanos y han formado familias en la comunidad.

No obstante, el idioma veneto italiano aún persiste, pues la comunidad no rebasa los cinco mil habitantes, misma que es altamente productiva y semillera de empleos y exportaciones en el caso de los muebles.

“Empecemos por la principal peculiaridad: somos bilingües, aprendemos el veneto chipileño en nuestras casas y el español. Además, los chipileños tenemos diferentes proporciones de biculturalidad”, señala Romina Zanella, habitante de Chipilo.

Como muestra, en el parque principal de la comunidad, ubicada a lado de la Presidencia Auxiliar, se pueden apreciar letreros en su idioma y el escudo, además de los nombres de las familias y escudos de las poblaciones de donde provienen.

Asimismo, la joven emprendedora y dueña de un negocio de helados compartió que la historia de la comunidad inició en 1882, cuando llegó un grupo de refugiados provenientes de Segusino, debido a que se desbordó un río en esta zona que provocó la pérdida de todo su patrimonio. 

El grupo llegó a México y el entonces presidente Porfirio Díaz le brindó tierras en el municipio de Atzompa para establecer sus negocios y así comenzó la actividad ganadera.

Primeras familias y actividad ganadera-lechera

Romina Zanella señaló que las familias de apellidos Zanella, Galezzi, Favero, Pietro, entre otras, fueron las primeras en llegar a Chipilo, con más de 100 personas, quienes hicieron todo lo posible para conservar sus tradiciones, por lo que incluso contraían nupcias entre primos para mantener sus raíces italianas, sin embargo, hace pocos años empezaron a formar familias con mexicanos y extranjeros.

En este contexto, destacó que Chipilo es una de las comunidades más prósperas en el tema agropecuario, ya que en la junta auxiliar “se producen los mejores lácteos del país”. Por ello, los productos más demandados son los quesos: quesillo, manchego de barra, mantequilla de barra, panela, manchego pesto, quesillo descremado, así como la tocineta, la crema y yogurt.

“Esta actividad comenzó porque las personas que venían de Italia contaban con conocimiento de ganadería. Por ello, se les hizo fácil comenzar con el negocio de las vacas y, al obtener mucha leche, decidieron la producción de lácteos”, narró.

Extienden mercado de muebles rústicos

Otra de las actividades que caracteriza a esta población es la fabricación de muebles rústicos, los cuales se exportan a Estados Unidos. Este sector suma más de 20 mil empleos directos, adicional a los indirectos en las fábricas Pueblo Nuevo, Santa Fe y lo que era Segusino.

En los años 80, la firma Segusino comenzó a repuntar con la maquila de muebles, lo que hizo que se extendieran este tipo de empresas que generaron un capital económico fuerte para los chipileños y pueblos aledaños.

Segusino, fundado por Antonio Zaraín, conquistó más de 57 países y exportaba el 96 por ciento de su producción y sus ventas eran de 20 millones de dólares anuales. La empresa producía más de 60 mil muebles al mes en 2011, sin embargo, la firma se desintegró y se formaron diversas fábricas.

El monto de inversión de Italia en el estado asciende a 4 millones de dólares en el primer semestre del 2020, de acuerdo con el Registro Nacional de Inversión Extranjera de la Secretaría de Economía federal.

En 2019 se anunciaron dos proyectos de 15 millones de dólares (288 millones 763 mil 500 pesos) cada uno, provenientes de Italia, para la construcción de una planta de herramentales para inyección de plásticos y otras de recubrimientos de metales y plásticos.

Rominetta, el corazón convertido en un helado

Rominetta representa el sueño de una joven emprendedora de 18 años, el cual crece como el helado de algodón de azúcar y que busca quedarse en el gusto de la gente y de la tradición de su familia.

“La familia de mi papá es chipileña y de mi mamá tapatia, tengo esas dos partes, y Rominetta, porque yo me llamo Romina, es porque no es común que una chica de 18 años emprenda a esta edad su negocio con su tradición e historia. Tengo muchas ganas de crecer y orgullo de ser chipileña”.

Narró que desde los seis años aprendió a preparar el gelato, por lo que su padre le enseñó a elaborar esta delicia, a la cual las personas no se resisten pues son los mejores de Chipilo. En su mayoría, sus clientes son turistas nacionales y extranjeros, ya que el negocio tiene todos los rasgos de las primeras familias que poblaron este territorio.

Compartió que el proceso es artesanal debido a que invierte más de una hora para elaborar cada sabor.

“Me lleva alrededor de una hora y media en prepararlo, es un trabajo artesanal y lo hago sola. Le dedico amor, pasión y cariño para todos mis clientes, pues mi producto lo demuestra y por eso lo conocen de boca en boca”, destacó. Por último, la joven adelantó que en breve su negocio se extenderá para que sus helados lleguen al público de la capital.

Pizzería y pastas para el paladar

Paolo Soliman tiene un restaurante de comida italiana. Se encuentra ubicado en la avenida principal, por lo que los sábados y domingos los comensales esperan turno para degustar una pizza, pasta, ensaladas o vinos, pues los platillos son preparados con la receta de sus abuelos italianos. 

En su restaurante, el cual genera siete empleos, habla su idioma natal con uno de sus conocidos, con una sonrisa, además atiende a sus clientes con un calor humano, algo que los italianos conservan.

“Mantenemos la calidad en cada platillo y los comensales se van muy felices del trato que les damos y este es mi mejor pago, pues al llegar a mi restaurante van a encontrar felicidad”, expresó.

Omar Galeazzi el primero en incursionar en el arte

Su carrera de pintor comenzó en 2001 cuando ocurrió el atentado a las torres gemelas del World Trade Center. Su familia le cuestionaba qué estudiaría. Motivado por su padre, salió de Chipilo para estudiar y trabajar en el extranjero.

En 2001, Omar Galeazzi llegó a Nueva York y trabajó de lavaplatos, albañil y pintor de brocha gorda para lograr su sueño, lo que lo inspiró para decidir ser pintor artístico.

“Me regresé a México, hice el examen en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda en la Ciudad de México, pero no logré ingresar. Esto fue en 2005 y después llegó la bella Oaxaca y viví tres años en este estado. Ahí obtuve una beca gracias a mis trabajos para codearme con muchos colegas y maestros”, expresó.

En su taller tiene una serie especial del coronavirus nombrada “Post pandemia pintura mongoliana”, la cual está integrada por 32 pinturas con la técnica del óleo sobre tela, polvos basados en tierra y piedras molidas en molcajete, mezclados con pigmentos, pero con algo muy característico utilizando el abono de vacas de su población. Destacó que el objetivo de su obra es trasladar lo que identifica a un chipileño, el cómo es la vida de la ganadería, el campo, el olor de la tierra y la riqueza que tienen esta junta auxiliar.

“Les dio este plus con el abono de vaca pues representa fertilidad, es el símbolo que le quiero dar; el covid-19 trae muerte, yo quiero sacudir y dar vida con materiales con los que contamos, ya que toda la gente que nos visita nos dice que huele a vaca. Mi técnica es muy colorida, yo mezclo muchos polvos, pigmentos y el abono, porque es una obra de objetos animados”, precisó.

De esta forma, Omar Galeazzi busca dejar un legado en las siguientes generaciones en la pintura, debido a que en la población su familia es la primera en dedicarse a las artes.

mpl

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